Category Archives: Mal Rollo

En papel: ‘Una sola palabra’

Un ingenio mayor que el que firma este Nadando con chocos hubiera encontrado una decena de buenas historias. El debate sobre si la libertad de Rafael Ricardi es final o principio de una vida, la pelea entre pistoleros en un túnel bajo el segundo puente sobre el río Cai, el futuro de los Georgie Dan en un mundo sin chiringuitos…
Alguien más melancólico que el que escribe podría divagar sobre el fuego de los atardeceres inmensos sobre la reserva de Grumeti, de las leyendas antiguas de los Masai, del gran cazador blanco y los exploradores de un mundo en el que no queda nada por explorar. O bien desesperarse en la miserable sensación de que ya está todo visto, dicho, inventado y conquistado, y recuperarse en la media docena de cosas que quedan por sentir.
Alguien más ingenuo podría llenar este espacio con el principio del fin de la crisis pregonado desde el altísimo estrado de Barack Obama y la recuperación de un sistema desahuciado. El clásico, con la necesidad de cuidar de la Madre Tierra, el principio o del final de las vacaciones.
El optimista hubiera retratado la fragilidad y la fuerza del nacimiento de Sofía, a punto de despertar a la vida en San Sebastián como una revolera de cigüeñas y retamas, la manera en que todo lo arregla la suave voz que acaricia el aire cuando cantas bajito, el hecho de que ya falte menos para San Fermín.
El que firma ha estudiado todas esas opciones antes de llegar a su terrible conclusión. Esta tarde un mazazo desesperado de frentes sobre un teclado acierta sólo a juntar como un retorno obsesivo, las mismas siete letras de rabia. Asesinos. Asesinos. Asesinos…

+ Artículo publicado hoy en la sección de Opinión de LA VOZ de Cádiz.

En papel: ‘Pasodoble al borroka’

Pa parapapaparapapara, papapará… La gente habla mucho de Lazkao y de su kale borroka… y eso ni es calle ni es barroca. Yo que entiendo una mijita de lucha callejera porque me he llevao treinta años recogiendo pelotas de goma en la casa puerta de mi bloque… Lo de Lazkao es de aficionao.

No… que si lo ha querido hacer a cara descubierta… No… que si pilló la maza porque era lo primero que tenía a mano… No… que si estaba hasta el lauburu de ver su pueblo desfigurado por aquella bomba… ¿Desfigurado, dices?… ¿Desfigurao la cara de armario de las nekanes cuando van en las manifestaciones!

El terror callejero es un arte muy importante que solamente está al alcance de muy poquitos privilegiaos. La próxima vez léete un manual por internet de los que han escrito esos mataos. Y no te veas más esposao. Esto es una cosa muy fácil. Nada de valentías a la luz del día. Tú por la mañanita te estás en tu casita y al mediodía te vas con un coleguita a la herriko de la eskina. Tu hazme caso a mí, que esto se lo he visto yo a ellos toda la vida. Te bebes dos o tres botellas de sidra y te llevas los cascos. Luego con el morazo te vas a la gasolinera, te compras tres litros de lo más baratito con un mecherito. Te vuelves a casa, haces jirones esa camiseta que te regaló tu primo de Madrid 2012 que no te puedes poner porque te cortan el punto. Luego coges el mechero, la botellita y te ves el Mira quién baila.

Cuando todo esté tranquilo, y se haya terminado el mogollón te vas tú pa la herriko con tus cóctel molotov. Los tiras por la luna así… pumpumpum. y le soplas luego así… pumpumpum, hasta que haga su llamita.

Y no te cojas las maletas y te pires a Alicante, que te van a llevar p’alante. Tú te metes en casa, a mirar detrás de los estores y llamas al Gara pa que vengan con los extintores…

No ha nacido aún quién le encuentre el final gracioso al pasodoble.

En papel: “Determinación y explosivos”

La sala de espera del Rectorado le inquietó por su silencio. El mecido tic tac de un enorme reloj de pared tocaba a muerto en aquella nada acústica, casi a juego con el dosporuno de latidos que aquel estudiante de Farmacia sentía en el pecho y que le movían las entrañas, como si el amasijo de tripas fuese a salírsele por la boca, por los oídos y por la nariz.

En el lujoso corredor de la planta noble, frente a él y el sofá de cuero negro sobre el que sentaban sus 20 años casi pidiendo permiso, un cuadro de caza y un retal de ventana por el que flotaban como minúsculos astronautas esas enormes pelusas que ocupan el aire de junio en Pamplona y que se acumulan en las aceras. Intentó pensar en si existía una fórmula matemática para saber el destino de las pelusas y el suyo propio. O si todo era al azar. Tragó saliva y sintió la zozobra del que está sometido a la suerte. «Me sudan las manos, a ver qué hago», se dijo pasándose las palmas por los muslos, casi sin reconocerse ante el paredón del futuro y del pez gordo que le esperaba al otro lado.

-Pase, Francisco Fermín. ¿Qué desea?

-Quiero ser periodista- dijo y supo esa tarde lo que era que le escuchasen a uno decir lo que quisiese. Ayer vio en el telediario la ventana de ese despacho, en la Universidad de Navarra, acosado por el fuego. No era la primera vez que lo habían querido volar. Como siempre, querían hacer saltar por los aires a los que escuchan, a los que piensan, a los que miran. A los universitarios, en definitiva, sin saber que 100 kilos de explosivo no cambian la determinación de algunas personas, su absoluto convencimiento de lo que supone la libertad frente a las pistolas.

Artículo publicado el 31/10/08 en La Voz de Cádiz

Sirenas en la distancia

Ya no queda sangre ni tripas, ni humo, ni barniz sobre maderas de caoba, banderas, gasolina, sábanas, miradas, desafíos, manos al cuello, espaldas erizadas de triángulos de cristal, labios ensangrentados, vísceras con aceite de coche, corazones con pintadas de metralla, platos rodando por los pasillos, dientes rotos en las rocas. ¿Y cómo es que en la distancia las sirenas suenan más fuerte? Cuando la rabia cierra los puños la ficción misericorde hace el quite de la realidad y una lágrima moja 1.260 kilómetros de teclas insalvables. Quizás el arte sea lo que nos salve y nos haga más inteligible los charcos en las aceras. Porque las preguntas son más interesantes que las respuestas, o porque no hay respuestas… Quién sabe: ahí están Medem y Neruda. Hoy en La Concha más que nunca.

Arquitectura de águilas perdidas.
Cuerda del cielo, abeja de la altura.
Nivel sangriento, estrella construida.
Burbuja mineral, luna de cuarzo.
Serpiente andina, frente de amaranto.
Cúpula del silencio, patria pura.
Novia del mar, árbol de catedrales.
Ramo de sal, cerezo de alas negras.
Dentadura nevada, trueno frío.
Luna arañada, piedra amenazante.
Cabellera del frío, acción del aire.
Volcán de manos, catarata oscura.
Ola de plata, dirección del tiempo.

Se busca (la bici)

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En Cádiz, la ciudad que sonríe, hay veces que me descojono de verdad. Primero fueron los retrovisores, luego los limpiaparabrisas y ahora algún hijoputa -que Dios lo acoja pronto en su seno- me ha robado a Ligia Elena. Triste. Chungo. Asco.

“Eso es cosa de mujeres”

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Llevar el agua a las reuniones “es cosa de mujeres”.

No es broma. Lo cuenta Elenita –la conocen de Lo predecible de la estupidez-, que dispara desde su adorable Tanque ruso. También debe ser cosas de mujeres la inteligencia, sensibilidad, decisión, competencia, valentía y esa deliciosa y personal facilidad para el relato fugaz entre la realidad y la literatura.

Cosas de su jefe – y de muchos– deben ser mala educación, el machismo, la incompetencia, la incapacidad de gestionar el trabajo de cerebros más brillantes y mejor amueblados que el diáfano y polvoriento salón que guarda detrás de su frente.

Me rindo ante tu tanque, Elenita.

Euskadi maitea

El terror tensa los músculos de la nuca. Es perpétuo, no se agota; siempre puedes tener más miedo, siempre pueden chirriar más dientes de rabia, como los grillos de una noche demasiado larga en el destino de un pueblo. Desde aquí, en Cádiz, ni se nota, prácticamente ni se perciben el peso en las cejas, las respiraciones entrecortadas, los amigos bajo las sábanas; se diría que las pintadas de dianas con nombres en el centro son un mal sueño que ha perdido su sentido cuando la playa se llena, se levantan las olas y suena un tango.

Pero el terror está ahí de nuevo, en Durango; otra vez llega con sus ecos de gritos y sus ondas expansivas a recordarnos las sirenas, amenazas, los dedos en la boca y en los gatillos, los labios sangrando por la infamia que se instala en las aceras de los que miran hacia otro lado; nuestras vergüenzas sin azúcar. Mientras en Madrid se diluyen las ideas en el sucio charco de la disciplina de partido, Iván Benítez sabe lo que significa que te echen mano. Vale la pena el trabajo que ha colgado en su fotoblog, supongo que con las mismas manos rabiosas y desesperadas que pulsan ahora estas teclas. Es Euskadi Maitea, tan lejos y tan cerca, tan dentro de cualquier modo.

[tags] ETA, atentado, durango, euskadi, terrorismo[/tags]

Tras la batalla

“Y los sepelios. El pequeño Ellis en su coy, cubierto por una bandera, parecía un trozo de pudding. Ahora, al recordarlo, a Jack se le volvían a nublar los ojos. Él había llorado mucho; las lágrimas corrían por sus mejillas cuando los cuerpos fueron arrojados por la borday los infantes de marina dispararon una salva.

“¡Dios mío!”, pensó “¡Dios mío!” Al redactar la carta y traer a su memoria hechos pasados, se sentía de nuevo invadido de una profunda tristeza. Aquella tristeza que lo había acompañado desde el final de la batalla hasta que la brisa se encalmó, haciéndolos detenerse, a algunas millas del cabo de la Mola, y él disparó cañonazos indicando que necesitaba con urgencia un oficial de derrota y ayuda; aquella tristeza que, sin embargo, había perdido la batalla frente a a la alegría que aumentaba por momentos. Alzó los ojos, y mientras se daba golpes en la oreja herida con la pluma, trataba de establecer el momento en que había empezado a sentir alegría. Por la ventana de la cabina observaba la enorme prueba de su victoria, amarrada junto al astillero, con la misma majestuosidad del primer día que la había visto; y de cara a la ‘Sophie’ estaba el costado de babor, aún intacto, rojo y dorado, reflejándose en las aguas de un gris otoñal.

Tal vez fue cuando recibió inesperadamente las primeras felicitaciones por parte de Sennet, del ‘Bellerophon’, cuyo bote había sido el primero en acercarse. Luego lo habían felicitado Butler, de la ‘Naiad’ y el joven Harvey, Tom Widdrington y algunos guardiamarinas, y también Marshall y Mowett, que aunque se sentían afligidos por no haber participado en la batalla, estaban resplandecientes por la gloria de sus compañeros.

Capitán de mar y guerra, de Patrick O’Brian

[tags]mar, vacaciones, patrick o’brian[/tags]