Category Archives: Periodismo

Un cocodrilo en la redacción

En la redacción de ‘El Caso’, instalada en el salón de baile de un palacete de Madrid, había un cocodrilo. Lo sortearon en una cena benéfica cuando era una cría de «diminuto saurio africano» y la señorona madrileña a la que le tocó el animal lo devolvió. «Estará mejor con ustedes», dijo. Le pusieron Leopoldo. Andaba entre las mesas y así creció, con su mirada distante, su piel dura, como uno más. Tan grande se hizo que el director Eugenio Suárez, que en una ocasión disparó su pistola al techo al grito de «Todos a trabajar», le construyó un terrario. Cuando venían las visitas zurraba a la extraña mascota con una vara y enseñaba su mordida. «¡Leopoldo!» Y zasca. Cada quince días, venían dos operarios del zoo de Madrid. Uno lo tomaba de la cabeza, el otro de la cola y lo llevaban a limpiar al servicio de caballeros, en cuya puerta se avisaba con un cartel: ‘OJO, COCODRILO’. Juan Rada (que publica con Grupoeditorial33 el libro ‘El Caso, 60 aniversario’) cuenta que un fontanero se coló en el aseo sin hacer caso de la advertencia. El saurio, creyendo tal vez que lo que llevaba en la mano aquel hombre era la vara de Suárez, lanzó su tarascada, de la que se libró la víctima por poco. Asustado, escapó sin envainarla y corrió por la redacción al grito de «¡Que me lo come!». Leopoldo llegó en 1971. En el 84 lo jubilaron de la redacción y pasó sus últimos días en el zoo de Madrid. Suárez llegó a publicar un semanario satírico, ‘El cocodrilo Leopoldo’, y más tarde ‘El Cocodrilo’, primo reptil de ‘Le Canard Enchainé’ autodefinido como “socializante de extremo centro”, que lanzaba dentelladas por titulares, algunos históricos en aquellos años como ‘Asturias o trabajas’ o ‘Los testículos de Don Juan Carlos están en perfecto estado’.

A mí también me hubiera gustado trabajar en esas redacciones.

Aquí os dejo el reportaje entero de os 60 años de ‘El Caso’:

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Felicitaciones

Que te den un premio es el primer regalo. El segundo es cuando ves a tanta gente tan distinta que se toma un minuto en llamarte, mandar un SMS, un ‘tuit’, un post (gracias Barrerita), un mensaje en Facebook, un correo electrónico o un ‘me gusta’. Debo ser un tipo con mucha suerte porque habéis sido muchísimos. Gracias a todos. De todas las felicitaciones, comparto con vosotros la más asombrosa, sin duda, la del gran Jotaí Fernández que me regalo está cosa tan alucinante.

felicitacion joti

http://www.goear.com/listen/8a15e37/la-reina-y-yo-j-i-fernandez

Manuel Alcántara

Una vez entrevisté a Rafael de Paula. Yo estaba realmente nervioso, algo nada habitual. Antes de la primera pregunta, me armé de valor y le solté lo siguiente: “Es un honor muy grande entrevistarle”. Me quedé callado. Él también. Y seguí: “Estoy un poco nervioso, ¿sabe? Es que yo, digamos que he crecido siendo partidario suyo”. Él permaneció en silencio, me miró desde dos ojos profundísimos, entrecerrados por el sol, dio una calada, echo el humo y me dedicó una sonrisa larga, cálida, casi de abuelo en la que cabían los secretos no contados y las referencias a los que ya no estaban. “Dale”, dijo después. Pasamos tres horas charlando y terminamos en las confesiones y dibujando medias con las manos por las aceras de la avenida de Jerez.

Hace unos días llamaban de la Universidad de Málaga. Había ganado el premio Manuel Alcántara. Hubo alegría, llamadas, risas, champagne, más felicitaciones de las que nunca me podría haber imaginado, palmadas en la espalda, añoranzas de los que no lo supieron… Pero entre todas esas cosas había algo que me recordó la sonrisa de Paula: el premio llevaba el nombre de Manuel Alcántara y, quiero decirle, Don Manuel, que yo me hice periodista siendo partidario suyo, de todas sus columnas -las que me enfadaban y las que no-, de su sentido del humor, de su periodismo, de ese anciano atleta de la libérrima gimnasia de las palabras, de los versos, de los textos pasados en una máquina de escribir con la R por cambiar, de los gintonics presentidos y de todas aquellas hazañas de tinta que los compañeros celebrábamos en una barra sórdida de Puerta Tierra, en Cádiz, en la que se hablaba, entre Johnys con cola, de lo que había escrito Alcántara ese día con la misma admiración con la que comentarán, digo yo,  los de Operaciones Especiales la última de James Bond. Joder, toda mi generación del periodismo (toda la que tiene algo más que horchata en las venas) han querido ser Alcántara, si no por una vida, al menos por una frase.

Y ahora va y me cae el Premio Manuel Alcántara. Si digo que es un honor, me quedo corto. Gracias…

Aquí os dejo el artículo premiado:

En papel: De muertos y portadas

Desastre de Lorca y una imagen. Atrás, una pared reventada cubre con sus cascotes el cuerpo de un hombre tendido. Delante, una mujer abre la boca desencajada al destino y llora en la polvareda, deshecha en brazos de una policía. Una foto para portada y una bronca. Cientos de personas se han manifestado con mayor o menor virulencia contra la decisión de poner al muerto en página en los periódicos. Y todos miran esa foto, porque muestra el dolor del destino y la fragilidad del ser humano. Y a todos les duele. Hay fotos que duelen.
Lo extraño es que ahora se quejen por publicarla y dejen al descubierto su propio cinismo. Porque si la fotografía revuelve las tripas es porque es buena y mama de la teta agria de la tragedia que crece entre los escombros. ¿Qué querían, Hello Kitty? ¿Se hacen ellos idea de lo que se siente cuando los edificios se le caen a uno en lo alto? No, hasta que ven esa imagen. Por eso su queja es el signo de una sociedad que no soporta la muerte y que la ignora. Hospital, tanatorio y al hoyo. Todo asepsia. Ciao. Nadie ose fastidiar el desayuno.
Otro pero. Si el muerto es libio o un negro ‘tirao’ en el fondo de una zodiac, es publicable. Un muerto patrio, no, porque rasca dentro. Quieren moralina y datos, pero los periódicos son también sensaciones agradables y demoníacas porque son, o deberían, la realidad. El mundo es terrible, nadie lo niega, reclamaciones a su deidad más cercana. Otro pero más: «Lo que quieren es vender», dicen escandalizados, como si pensaran que los medios son una ONG. Mejor sería entonces que la prensa se levantase todos los días y la doblase para comprarle una casa en la playa a la madre de usted. Si le parece. Y dejen al fotógrafo en paz. Antes de apretar el botón de disparar, Israel Sánchez trataba de reanimar sin éxito a una mujer con la cabeza destrozada. Se levantó y ‘clic’, hizo su trabajo. Aún le tiemblan las piernas.
Ánimo, Lorca.

+ Publicado hoy viernes 13/05/2011 en La Voz de Cádiz.

Periodistas en Haití

Hace unos días me vi delante de la televisión con una pregunta muy seria: ¿Te vas hasta Haiti a hacer crónicas desde el aeropuerto?. Hoy me encuentro con esto:

¿Se puede llegar a un terremoto con maleta de ruedas? Sí. ¿Puede una revista que dedica su última portada a los maquillajes más sorprendentes y a las joyas que vienen para este año enviar a un periodista para la cobertura? Sí. ¿Puede llegar alguien a la zona más devastada del planeta sin agua, comida ni un teléfono en condiciones? Sí.

¿Puede la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) llevar a más de veinte periodistas dentro de un avión de emergencias? Sí. ¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros?

Más en Periodistas o niños de papá, en El Mundo

Óscar Lobato, libros y caballos

“Las amazonas cabalgaban en los campos de batalla antes de que las matasen en la cocina”

La misma voz que se ha enfrentado con serenidad a los sucesos más brutales de la historia de la provincia se alborota con sólo imaginar la libertad que sienten los hombres al galope largo por una pradera, el apasionante juego psicológico que se establece entre caballero y animal. Da la impresión que podría pasar horas hablando sobre caballos y personas, que al final es hablar de personas. Tendrá que hacerlo. Óscar Lobato (Cádiz, 1958) se siente «más plumilla que escritor» aunque ahora cabalgue sobre la promoción desbocada de su segunda novela. Centhæure (Alfaguara) es una mezcla prometedora de novela ecuestre y de intriga, de ambiciones de este siglo y amazonas de leyenda que se presenta hoy a las 20.00 en la Asociación de la prensa de Cádiz y el día 19 de noviembre en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre de Jerez.
-¿Cómo es Centhæure?
-Es un acrónimo. Se trata del Centro de Nuevas Tecnologías Hípicas, Alta Escuela y Universidad de las Ramas Ecuestres. No existe en la realidad, pero en la novela se dedican a alta escuela y también orientan su trabajo para entrenar caballos para otras modalidades deportivas como el concurso completo, el salto, el polo… Los caballos son propiedad del centro o de los magnates que invierten en caballos buenos y en darles un entrenamiento de elite con jinetes españoles, muchos de ellos olímpicos. En ese ambiente sofisticado y de lujo comienzan a ocurrir cosas extrañas. De pronto, los caballos matan a los jinetes. Continue reading

L’ exploration inversée

Sabían que existían otros distintos, aunque no habían visto a muchos. Humanos con una piel diferente y costumbres remotas, pese a que dijesen que en el fondo eran iguales a ellos. Por fin aceptaron viajar al otro lado de la Tierra y volar por medio mundo para conocer a aquella tribu lejanísima: los franceses. Dos papous haciendo el tour resulta algo clarificador y conmueve por su amalgama de malicia e inocencia. Cándido e inteligente es una combinación que ya no se encuentra en occidente, pues nos la debimos cargar antes mismo que la honradez.

Esta es una de las mejores piezas audiovisuales que la redacción de Nadando con chocos ha tenido la suerte de ver en los últimos días. Un documental de quitarse el sombrero. Se llama ‘L’ exploration inversée’ (la exploración invertida), un título sugerente, sintético y eficaz que la máquina trituradora de la traducción española ha dejado en ‘Una tribu en Francia’.  Apareció anteayer en Odisea y si los clientes de Ono se dan prisa igual lo trincan en Ojo.

En internet os dejo la primera de seis partes. Excusez moi, no hay traducción al español. No se lo pierdan.

La suite, ici.