Monthly Archives: August 2006

BlogDay 06

Vamos allá con las recomendaciones de las cosas que le gustan a uno. Blogs hay muchos, y que me gusten, también. Estos son buenos:
+ Babetas Verdes: Realmente son los mundos de Pablo Terradillos. Vanguardia y tradición, poesía y prosa descontrolada, mala leche y muchas ganas de juerga. Fantásticos links a los mejores de las letras de Cadi.
+Periodistas 21: Los juntaletras lo conocerán. Reflexión sobre periodismo. Fue mi jefe, pero nada más lejos del peloteo.
+El blog de Petezin: Recomendación recíproca y no por ello menos válida. Rosa es difícilmente definible. Pero engancha.
+Taurofilia: En defensa de la integridad del toro, está Bastonito. Sabe de lo que habla. Un toque de historia.
+Planet Blogaditas: Es un blog colectivo que recupera la ingente y loca producción bloguera de la Costa del Edén.

BlogDay 06

Vamos allá con las recomendaciones de las cosas que le gustan a uno. Blogs hay muchos, y que me gusten, también. Estos son buenos:
+ Babetas Verdes: Realmente son los mundos de Pablo Terradillos. Vanguardia y tradición, poesía y prosa descontrolada, mala leche y muchas ganas de juerga. Fantásticos links a los mejores de las letras de Cadi.
+Periodistas 21: Los juntaletras lo conocerán. Reflexión sobre periodismo. Fue mi jefe, pero nada más lejos del peloteo.
+El blog de Petezin: Recomendación recíproca y no por ello menos válida. Rosa es difícilmente definible. Pero engancha.
+Taurofilia: En defensa de la integridad del toro, está Bastonito. Sabe de lo que habla. Un toque de historia.
+Planet Blogaditas: Es un blog colectivo que recupera la ingente y loca producción bloguera de la Costa del Edén.

BlogDay 06

Vamos allá con las recomendaciones de las cosas que le gustan a uno. Blogs hay muchos, y que me gusten, también. Estos son buenos:
+ Babetas Verdes: Realmente son los mundos de Pablo Terradillos. Vanguardia y tradición, poesía y prosa descontrolada, mala leche y muchas ganas de juerga. Fantásticos links a los mejores de las letras de Cadi.
+Periodistas 21: Los juntaletras lo conocerán. Reflexión sobre periodismo. Fue mi jefe, pero nada más lejos del peloteo.
+El blog de Petezin: Recomendación recíproca y no por ello menos válida. Rosa es difícilmente definible. Pero engancha.
+Taurofilia: En defensa de la integridad del toro, está Bastonito. Sabe de lo que habla. Un toque de historia.
+Planet Blogaditas: Es un blog colectivo que recupera la ingente y loca producción bloguera de la Costa del Edén.

Navalón y los masoquistas

Con las crónicas periodísticas, sobre todo las taurinas, o vibras o no vibras. No hay más tutía. Yo vibré con las de Alfonso Navalón. Ayer hizo un año que se fue y cada día estoy más harto de editar algunas líneas que no expresan más que incapacidad, miedo, autocensura, sosería, incluso analfabetismo…
Dice Javier Ruibal que en el reino de los mansos el masoquista es el rey y desde que palmó Alfonso, o desde que palmó Joaquín Vidal, o desde que mi jefe se fue al mismo barrio, cada día hay más familia real. Son pavitos sin la menor pluma literaria, mercachifles mudos de nacimiento, incapaces manifiestos de la escritura, chufletas blanditos con pretensiones, luminarias de una fiesta que no existe y que ni siquiera ellos saben contar. Ni vender. En el mar negro de líneas torpes de la prensa taurina española, sólo me salvan de vez en cuando los giros de Javier Villán y otro par de amigos.
Alfonso era un tío rico en todos los sentidos: rico en historias, en recursos y en mala leche. Y un cabrón considerable con sus enemigos, entre los que tuve la suerte de no encontrarme. Ellos incluso lo echan de menos ahora que se ha ido. Se aburren. Y yo también.
Un día sonó en el móvil una oferta amiga para sentarnos juntos para unos coloquios en el Hotel Londres. Tenía que estudiar. Seré imbécil…
Hoy la red me ha dado una de cal y una de arena. Me ha recordado que palmó hace un año (no me acordaba de la fecha) y también me ha traído un regalito, cortesía de Petezin. Así era el personaje.

Navalón y los masoquistas

Con las crónicas periodísticas, sobre todo las taurinas, o vibras o no vibras. No hay más tutía. Yo vibré con las de Alfonso Navalón. Ayer hizo un año que se fue y cada día estoy más harto de editar algunas líneas que no expresan más que incapacidad, miedo, autocensura, sosería, incluso analfabetismo…
Dice Javier Ruibal que en el reino de los mansos el masoquista es el rey y desde que palmó Alfonso, o desde que palmó Joaquín Vidal, o desde que mi jefe se fue al mismo barrio, cada día hay más familia real. Son pavitos sin la menor pluma literaria, mercachifles mudos de nacimiento, incapaces manifiestos de la escritura, chufletas blanditos con pretensiones, luminarias de una fiesta que no existe y que ni siquiera ellos saben contar. Ni vender. En el mar negro de líneas torpes de la prensa taurina española, sólo me salvan de vez en cuando los giros de Javier Villán y otro par de amigos.
Alfonso era un tío rico en todos los sentidos: rico en historias, en recursos y en mala leche. Y un cabrón considerable con sus enemigos, entre los que tuve la suerte de no encontrarme. Ellos incluso lo echan de menos ahora que se ha ido. Se aburren. Y yo también.
Un día sonó en el móvil una oferta amiga para sentarnos juntos para unos coloquios en el Hotel Londres. Tenía que estudiar. Seré imbécil…
Hoy la red me ha dado una de cal y una de arena. Me ha recordado que palmó hace un año (no me acordaba de la fecha) y también me ha traído un regalito, cortesía de Petezin. Así era el personaje.

Navalón y los masoquistas

Con las crónicas periodísticas, sobre todo las taurinas, o vibras o no vibras. No hay más tutía. Yo vibré con las de Alfonso Navalón. Ayer hizo un año que se fue y cada día estoy más harto de editar algunas líneas que no expresan más que incapacidad, miedo, autocensura, sosería, incluso analfabetismo…
Dice Javier Ruibal que en el reino de los mansos el masoquista es el rey y desde que palmó Alfonso, o desde que palmó Joaquín Vidal, o desde que mi jefe se fue al mismo barrio, cada día hay más familia real. Son pavitos sin la menor pluma literaria, mercachifles mudos de nacimiento, incapaces manifiestos de la escritura, chufletas blanditos con pretensiones, luminarias de una fiesta que no existe y que ni siquiera ellos saben contar. Ni vender. En el mar negro de líneas torpes de la prensa taurina española, sólo me salvan de vez en cuando los giros de Javier Villán y otro par de amigos.
Alfonso era un tío rico en todos los sentidos: rico en historias, en recursos y en mala leche. Y un cabrón considerable con sus enemigos, entre los que tuve la suerte de no encontrarme. Ellos incluso lo echan de menos ahora que se ha ido. Se aburren. Y yo también.
Un día sonó en el móvil una oferta amiga para sentarnos juntos para unos coloquios en el Hotel Londres. Tenía que estudiar. Seré imbécil…
Hoy la red me ha dado una de cal y una de arena. Me ha recordado que palmó hace un año (no me acordaba de la fecha) y también me ha traído un regalito, cortesía de Petezin. Así era el personaje.

Pero qué cabrón de Oroz…


César Oroz es un tío normal y corriente, más o menos omnipresente en cualquier rincón de Pamplona del 6 al 14 de julio. Siempre discreto, nunca resalta más de lo debido (además, es un tío relativamente pequeño) en el tendido de sol (en la imagen, el de la derecha) algunas veces, en la peña otras, ahora con descendencia en las mañanas de caña con kilikis.
Sin embargo, cuando se trata de dibujar, Oroz es un gigante de viñetista. Desde alguna increíble altura –debe estar más allá del angelico de la Meca–, consigue ver San Fermín, Pamplona y Navarra con una claridad global que nadie ha conseguido hasta ahora, metido como está cada uno en su pequeño corralito: aquí los abertzales, aquí los de UPN, allá sociatas, carlistas, en medio PTVs de camisa blanca con botonadura roja… En los mundos de Oroz aparecen todos mezclados, remetidos en un mogollón de cabestros, toros, políticos y magras con tomate. Ellos aparecen salteados –con un buen unto como tropezones de un guiso de cangrejos de río churrustrosos– en las páginas de Diario de Navarra. Para muchos, los personajes de César se aparecen allá por las 7.30, en el páramo frío de los presagios de cornada y, con la que cae a esas horas, hasta al más cenizo se le escapa, como mínimo, una mueca de media sonrisa, si no es una carcajada abierta y un ‘¡Pero qué cabrón de Oroz!’
Este año, además de la genialidad del cartel de la Feria del Toro, nos regaló a esas horas una serie de Fut Bull, mezcla de San Fermín y Copa del Mundo. Os dejo con ella y con otras delicias para el disco duro. Por cierto, este año le dieron el gallico. “Y con el gallico, un caldico”. Gran Oroz.
FOTO: San Fermín TV

FUT BULL


HISTORIAS PARA NO DORMIR


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