Monthly Archives: March 2009

Una deuda

Desde hace unos días, la redacción de Nadando con chocos le debe este post a los irlandeses por la grandeza de su victoria, de su juego y de su voluntad inquebrantable. Congratulations.

En papel: ‘Quiñones está vivo’

Que sí, que vive, que nada pasó hace diez años. Fernando Quiñones está, que hay gente que lo ha visto, incluso los que llegaron tarde -como el que escribe- a un rato de charla en la barra de un bar. Qué les hubiera gustado… Mierda de vida, sin conocer por un ay a ese maestro de la primera persona… Y cómo es que sigue más presente que antes, puede, cuando alguien comete la locura de asomarse a uno de sus libros, el último. El que dejó en un borrador de garabatos en colores que ha descifrado sin su permiso Nieves Vázquez Recio, ese que se nos presenta como el abismo profundísimo y amable de la soberbia cabeza de un hombre.

Soberbia porque a ver quién es el guapo, con el estruendo con que descarrilan los lunes las ambulancias del alma, de cerrar en un círculo su propia teoría del transitar en este mundo. Más, cuando uno muere y está, si cabe, más preocupado por el tiempo. No ya sólo por el poco que queda, sino por el espacio infinitamente corto que toma incluso una figura tan brutalmente expansible como la que, dicen, fue Fernando Quiñones.

A pocos metros de la meta, dejó escrito un testamento de vida, aunque al revés. No de lo que será de lo suyo, sino de lo que ha sido. En Los ojos del tiempo (Alianza Literaria) entrevista al Nono, ese hombre hecho de los retales de miles de hombres, y remata con una media verónica metafísica allí donde «cualquier clase de fantasías, transmigraciones, eternos retornos y otras hierbas orientalistas, caben en un gran plato de sopa, más que de pescados y mariscos, de historia a la marinera que viene a ser La Caleta, hecha con materias primas de treinta siglos largos». Dónde si no, en La Caleta queda demostrado el teorema de que somos quienes fuimos. Allí vive Nono todas las vidas que han sido los suyos. Siempre allí, conoce la Atlántida, ríe de romano, muere siendo moro, hace el amor el el XVIII y termina siendo muerto, o no, poco importa ya. Es decir, que sigue vivo como el propio Quiñones, que yo lo he visto, con el permiso de la lógica y de los suyos.

“Un día un poquito húmedo”

En alguna parte en medio del Pacífico, rumbo a Hornos. De través con vientos de más de 35 nudos. ¿Se habían planteado alguna vez usar las gafas de bucear en la cubierta de un barco? Daría una mano por haber estado allí y supongo que también la hubiera dado por salir de allí. Y a ellos les quedan huevos para bailar… ¡Ánimo chavales!

Es primavera, ya

La redacción de Nadando con chocos les da la enhorabuena a todos los que viven al sur del sur y está mañana se han despertado en primavera. Vámonos por Battiato, señores.

La presencia de la artillería

en países meridionales
unidos en la lucha extranjera

bajo el reino de las Dos Sicilias
y los movimientos predecibles

de la tropa en falsas batallas,

olores de pólvora, de fuego

y voces del Estrecho de Mesina.

Sentimiento oculto para mi.
Me enamoré siguiendo el ritmo del corazòn
y me desperté en Primavera.
Noches blancas de los sarracenos,
que eran de costumbres alegres.
Posadas prohibidas a espanoles

a las puertas de Catania
y el movimiento tan irresistible

de caderas de las mujeres.
Ver bailar flamenco

era una experiencia sensualìsima.
Sentimiento oculto para mi.
Me enamoré siguiendo el ritmo del corazòn
y me desperté en Primavera.
I’m a stranger in the night. Despertar en Primavera.
Despertar en Primavera. Despertar en Primavera.

En papel: ‘Wieslaw Murowicki’

El mundo es una mierda, pensó aquel al abrir el periódico. Y lo dijo con razón, si el juicio se refiere a la matemática y los porcentajes que dividen la población mundial entre los que mangan y los que dejan que se mangue. Entre la clase política, los hay buenos y malos lo que, aplicando la última fórmula socilógica, significa que los hay manguis del partido de uno y manguis del del otro.

España duele tela y con la crisis, más. Porque la caída de los sueldos es directamente proporcional a los mangazos. Toma el dinero y estate quietito, que le dijo aquel. Los banqueros, gurús de todo esto, aseguran que a corto plazo este país no va a llegar al nivel de Sudán, Palestina o cualquiera de las repúblicas bananeras, pero podría acercársele. Sobre todo si el españolito de a pie, maestro mundial de la excusa, se aplica aquello de que el que roba al ladrón tiene cien años de perdón. Es lo mismo que debieron pensar las decenas de miles de angelitos que se hicieron una vivienda ilegal en Chiclana, aunque la roncha se la dejasen a sus vecinos.

«Puede ser que los golletazos se multipliquen hasta un punto en que no haya nada que robar», se dice el que escribe, y resbala su cabeza en el cuero frío de un taxi mientras circula ante el cristal la gris y pausada vida de la larguísima Frankfurte Allee de Berlín. Camino de ninguna parte. «Good morning». Ha llegado al destino, un agradable hotel en medio de nada. Media hora después se da cuenta de que su Blackberry sigue de paseo, sola, en el taxi. Si esto le pasa a Obama…

Sucede entonces la diatriba de si realmente es más castigable el mangui o el carajote. Con la abundancia de ambos, el mundo estallará en breve. No. Una llamada. En recepción espera con sus cincuenta tacos, la espalda hecha un cisco de conducir, sus gafas remendadas y una cazadora de cuero gastado y pasado de moda, el conductor del taxi. Con el aparato en la mano y media sonrisa. «Your phone». Se llama Wieslaw Murowicki.

+Artículo publicado en LA VOZ el 13/3/2009

Yo he visto

Yo he visto cosas que vosotros no creeriais. He sido agente de la GIA, detective privao, cortesana putarrona, cajera del Mercadona. Agente del futuro, duquesa de Alba, carnavalero que fue de artista, la niña del exorcista. Yo he reido de pena y llorado de risa, me las he dado de enterao, he volado, he sido monja de clausura, el Fidel de la apertura. He sido Alejandro Magno, un máquina viajando por el tiempo, una coplera papanata, una cara de papa, un pito de caña, el Ketama de hombre araña.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais… Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

La redacción de este blog espera con impaciencia la llegada de la primavera.