Monthly Archives: August 2009

En papel: La Caleta vs. Zurich

Hay personas calladas que son más interesantes que otras que hablan. No es el caso del exspeaker de La Caleta. Un socorrista con gracia o un genio del humor que borda el masaje cardiorrespiratorio, por ahí, entre esas dos figuras ha nacido Juan como un feliz champiñón en el vergel de personajes que hacen que Cádiz sea Cádiz.
No es un perogrullo. Porque hay madrides que podrían ser berlines, con sus mismas casas, calles y el mismo gris de sus miradas. Y Cádiz, que es Cádiz, un lugar que existe y se identifica frente a otros cientos de no lugares. Por eso sabe uno que está en él desde que entra, desde que abre los ojos y los oídos. Cosa de identidad, sin excluyentes. Podrá gustar más o menos, pero a nadie se le pasa por la cabeza que en una playa de Las Landas el megáfono le suelte que son las cinco, «la hora del cafelito» o que los que jueguen a la pelota «pueden ir comprándose un parchís». En Cádiz ocurre porque es una posibilidad real -y narrativa-, como cuando en las pelis de piratas los buenos se tiran rasgando las velas de un galeón agarrados a su daga. A nadie se le ocurriría intentarlo en Puerto Banús. Ya.
Son mundos distintos y la lucha, aunque callada -el Ayuntamiento no considera interesante publicarlo-, se libra hace tiempo. Es la última de las batallas y uno ya sabe de qué lado está. En un bando, Juan. En el otro, alguien que ha perdido la oportunidad de callarse cuando le ha quitado el micro al genio. Macondo Vs. Zurich.
No se rían, esto es serio. Es la pelea desigual entre la nada gris y global, y los mundos posibles en los que cabe más gente, donde disfrutan los humanos con las cosas de Juan, lo que otros llaman realismo mágico sin tener ni repajolera de que existe. Es Cádiz, la ciudad que sonríe; nadie dijo que tuviera que blanquearse los dientes.

+ Artículo publicado en la sección de opinión Nadando con chocos de La Voz de Cádiz, el 28/8/09

Ideas liebre, edición especial: “El ‘speaker’ de La Caleta

“Se ha perdido un niño. No sabe ni hablar. Lleva un bañador colorao. No digo más”.

El speaker de La Caleta, vía Paquito Márquez.

Más:

“Se recomienda a los bañistas que extremen las precauciones. Se acerca una plaga de medusas con muy malas ideas”.

“Se recuerda que están prohibidos los juegos de pelota. Comprarse un parchís, picha”.

“Son las seis de la tarde. Hora de merendar”.

“Son las dos y cinco” (dicho rápido).

“Se terminan los servicios de playa. Les esperamos mañana en La Caleta. No se vayan a Cancún”.

“Se terminan los servicios de playa. Mañana cambia el viento. Traerse una rebequita. Me he quedado con vuestras caras”.

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En papel: El perro y la medicina

Dijo uno que importa más el catarro de un vecino que la muerte de un millón de chinos. Es cuestión del punto de vista, tan subjetivo él que justifica a millones de imbéciles objetivos. De tontos preclaros. O de seres crueles, insolidarios, que es más feo. Ahora están muchos en el mundo occidental, llevándose las manos a las narices con el AH1N1, que está haciendo a los desarrollados gentes aún más refinadas. No se besa, no se lame, se tapa uno la boca antes de estornudar y ni se da la mano en misa, la mejor parte de la liturgia a todas luces.
Son las nuevas normas de etiqueta, que no de educación. Porque es de malcriado llenar las páginas y las conversaciones con un virus que se ha cargado a mil quinientas personas en este año y silenciar a otros que matan a millones. Cuestión de estar en un mundo o en otro, dicen, aunque duela comprobar que no estamos en el mismo.
La malaria manda al cielo a un millón de almas cada año, sin grupos de riesgo ni mascarillas. Su planteamiento es más sencillo. Para estar en su diana, basta ser pobre, ya sea un pobre de Dar es Salaam o de Johannesburgo. Y nadie abre la boca sobre el tema, si no es una conversación entre los viajeros que acuden a Sanidad Exterior a por su profilaxis, que por cierto patrocina la Seguridad Social a un ritmo de 50 euros por caja, unos 100 por un viaje de 15 días. A los niños de Tanzania, les harían los ojos chiribitas al ver un solo billete verde, de no tenerlos cerrados por la fiebre amarilla.
Aquí nos vamos por la pata por el colapso laboral de la gripe en otoño y haciendo un repaso de titulares cuesta resistirse a pensar que Dios no es un ser justiciero. Y que no está diciendo entre dientes aquello de toma perro de tu propia medicina.
+ Artículo publicado en LA VOZ de Cádiz el 21/8/9

La madriguera de las ideas liebre

El pensamiento brillante no es algo consciente. No surge de manera voluntaria, nadie dice “voy a pensar” y piensa. Lo intenta, eso sí. Es como el que va a pescar, que realmente toma una caña, cebo y el aparejo para intentar pescar, aunque no pesque. El que se pone a pensar, generalmente no lo hace. Repasa mentalmente, eso sí, posibilidades varias generalmente con escaso resultado. Nadie dice “voy a tener una idea”, pone cara de fuerza y la tiene. Eso no pasa.

Las ideas saltan de entre los terrones, debajo de los pies.  Esas son las ideas liebre, veloces, fugaces, salvajes, pequeñas pero sabrosas. Son flashes de pensamiento, luz de rayo, más que de luz ambiental. Por eso cuesta retenerlas. Ha habido personas de la talla de José bergamín -el padre del término- que han dedicado su vida a cazarlas y guardarlas.

Muchas de ellas viven en la nueva madriguera del el blog de Alfonso Ochoa, el mexicano que está detrás de Decreto que sustituye al anterior. Es bueno. ¿O acaso ustedes no detestan el afán pesimista de las salidas de emergencia?

Divinos teletipos

Se levanta usted el sábado, desayuna con su señora, se prepara par aun día de trabajo en la redacción, ordena la mesa, toma un lápiz nuevo pues le han vuelto a distraer el suyo, saluda a los compañeros, abre el servicio en busca de la hecatombe cuando se encuentra con esto. ¿Charmant, n’est-ce pas?

PAPA-ASUNCIÓN El Papa recomienda adherir la fe al proyecto divino con “sagrada urgencia”

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225 Palabras
15/08/2009 10h 35Â

Roma, 15 ago (EFE).- El Papa Benedicto XVI afirmó hoy que la fe es un viaje por un “mar frecuentemente borrascoso” que no debe interrumpirse ni siquiera en los momentos de oscuridad, sino que debe adherirse al proyecto divino con “sagrada urgencia”.

El Papa Ratzinger pronunció estas palabras en la homilía de la misa que celebró en la parroquia de Santo Tomás de su retiro veraniego de Castel Gandolfo, con ocasión de la celebración de la Asunción de la Virgen.

“La gracia del Espíritu Santo no comporta lentitud”, dijo el Papa.

El Papa ha subrayado que tras el reclamo divino la Virgen recorre un nuevo camino, emprende el camino fuera de su casa y se deja “conducir solamente a Dios”.

Durante la misa, una mujer comenzó a dar voces en alemán tras la homilía del Papa y fue alejada por la guardia suiza y los gendarmes del Vaticano.

El Papa cruzó a pie el espacio entre el palacio papal y la iglesia y en el camino saludó a los fieles congregados, y bendijo a niños y mayores. EFE

fab/tcr

K:SOC:SOCIEDAD-SALUD,RELIGION|

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08/15/08-36/09

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En papel: La importancia de llamarse Jenaro

Y todos poniendo verde a Jenaro, que decidió darse el piro en bici hasta Gibraltar. Como el perejil lo ponen, por haber dejado una presunta roncha en el banco y a su mujer presuntamente embarazada con un presunto disgusto. Jenaro Jiménez quiso que pensasen que se había muerto buceando y, en cierta manera, era así. Dicen que cogió el taco y se fue a Paraguay y, como no le gustaba, se quitó eso de Jenaro, que dicen, viene del latín Iano, dos caras. Eso de cambiarse el nombre no es nuevo. Lo mismo le pasó al niño Cresconio Esteban El Mozo en Colombia, que dejó de hablar sin motivo aparente hasta que su hermana, Bestelva María le preguntó meses después si era porque no le gustaba su nombre. Y habló. ¿A tí te gusta el tuyo?, le respondió.
Jenaro Jiménez se debió cambiar el nombre en Paraguay y se fue a llamar Álvaro Domecq, se desconoce si de segundo llevaba Díez oRomero. Original por lo de uno de Cádiz poniéndose el nombre de uno de Jerez. Pero no nuevo. Lo de ponerse nombre de señorito rejoneador, sí. Oscar Wilde habló de las dobles vidas en La importancia de llamarse Ernesto, que tuvo bastante más gracia que La importancia de llamarse Jenaro o Álvaro Domecq que, dicen, también tuvo alguna vida que otra además de la suya.
Claro, que Wilde, que regateaba más que Onésimo, jugaba con el sentido del título de su obra. La cosa estaba en la importancia de ser honesto, no Ernesto, que en inglés, suenan igual, qué cosas. También decía esto: «No creo que me gustase atrapar a ningún hombre sensato. No sabría de qué hablar con él».
+Artículo publicado hoy 14/08/2009 en La voz de Cádiz.