Monthly Archives: September 2009

En papel: Los ‘taureaux’ en Nimes

Va un buen proyecto: un grupo de aficionados a los toros crean un museo con todo el tesoro patrimonial de la ganadería de Pablo Romero. Compran con sus propios fondos un edificio de dos plantas donde los investigadores pueden consultar todos los libros de la casa y conocer más sobre una casta única y legendaria. Y ahora la sorpresa: esto lo han hecho en Nimes. No en Sevilla, ni en Sanlúcar la Mayor, ni en Villamanrique de la Condesa, donde pastaban los toros en el paraíso verde de Partido de Resina. No. En Nimes. Lo ha hecho un grupo de franceses de la Francia, un país que, además de una primera dama de bandera, tiene regularmente buenas ideas y el valor y la voluntad para llevarlas a cabo. Y que nos moja la oreja.
El centro de referencia sobre la casta de Pablo Romero ha abierto sus puertas con una exposición sobre Antonio Ordóñez y los toros del hierro de la boca del horno. Como si el museo del habano se abriera en Estocolmo.
Sorprende la resistencia de algunos a ponerse coloraos. A los que mandan en Andalucía se les caería la cara de vergüenza si no la hubieran perdido hace tiempo. Ellos aquí haciendo un vergonzante reglamento taurino, la foto con los toreros, ejerciendo un nacionalismo de tauromaquias con duendes de ayahuasca a la vera del Guadalquivir, reivindicando Andalucía como cuna y refugio de la fiesta verdadera, salvando linces mientras dejan morir lo que no lleve el sello de la franquicia invasora de Domecq.
Como si la fiesta de los toros fuera cosa de corbatas en tal o cual feria y perviviese en la manera en que tres mil tontos aprietan el culo al arrorró de un capote de perifollo, sin toro, de mentira. Como si la fiesta no estuviera ya en Francia. A salvo y para el bien de tous, por cierto.
+ Artículo publicado en Nadando con chocos, dentro de la sección de opinión de LA VOZ de Cádiz.

Silencio (por Enric González)

Antes, las redacciones de los periódicos eran un guirigay muy entretenido. Había gritos, risas, lágrimas, discusiones: un ambiente ruidoso, industrial. Se hacían diarios bastante malos, pero amenos. Ahora es distinto. Las redacciones son graves y silenciosas. El silencio físico es atribuible a los ordenadores. Las causas del silencio mental se resumen en tres palabras: Bolsa, sinergias, multimedia. Podrían considerarse términos neutros; sin embargo, no lo son. Encadenan el crédito del periódico a la rentabilidad como criterio supremo, a las servidumbres internas del grupo empresarial y a las concesiones gubernamentales.

Como decía, en las redacciones de hoy parece que se fabriquen prospectos farmacéuticos. Y quizá eso sirva de algo en un futuro. Algún día se le ocurrirá a algún editor insertar en primera un recuadro con posología, contraindicaciones y advertencias.

Por ejemplo: “La empresa editora de este diario se siente perjudicada por el Gobierno y el Gobierno se va a enterar”. O: “La empresa editora de este diario ha sido muy beneficiada por el Gobierno y Zapatero es más guapo que Brad Pitt”. O: “La empresa editora de este diario está negociando un ERE con el Gobierno autonómico; disculpen la interrupción de cualquier crítica a dicho Gobierno”. O: “La empresa editora de este diario está en manos de una caja de ahorros, pero la sección de Deportes sigue siendo buena”. O: “La empresa editora de este periódico juega con varias barajas, así que Zapatero lo hace de pena pero estamos con él, y Rajoy nos parece lamentable pero si llega al Gobierno seremos todos más felices”.

¿Cambiarían algo esas advertencias? No, no cambiarían nada. Ya sabemos todos de qué van las cosas y cada uno tiene su opinión. Ahí va la mía: no me gustan los periódicos que dan coba disfrazada de ideología, me gustan los periódicos que critican al que manda. Sean cuales sean las razones (sé tanto como cualquier lector), me gusta que EL PAÍS sea crítico con Zapatero. Primero, porque manda. Segundo, porque lo merece. Tercero, porque prefiero el periodismo rabioso, aunque esté encadenado a la Bolsa, las sinergias y las concesiones televisivas.

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* Artúclo publicado ayer por Enric González en El País.

En papel: ‘Chillida y los mapas’

ESPAÑA-CAJAS-UNICAJA
Entre boinas caladas e independencias limitadoras, queda el gusto de doblar el mapa. Es la resistencia ante la exclusión vociferante de los que apuestan por las líneas que separan por encima de las líneas que unen. Cádiz sabe algo de esto, de hacer papiroflexia con el atlas y que coincida el Castillo de Santa Catalina con Cartagena de Indias, el Campo del Sur con La Habana, el Oratorio y Pensacola.
Unicaja ha hecho un ejercicio de universalidad con la muestra que estrena su centro cultural de San Francisco. Chillida.Reflexión-materia se llama, y trae hasta la punta sur de Europa el aliento fresco del norte. Un viaje sin aeropuertos ni peajes. Es sencillo cruzar su puerta y sentir por los pies el chorro de aire del Peine del Viento, cuando el Noroeste mete su vapor helado en grises por la Bahía de la Concha. Tan fácil como hacer una parada a la vuelta del mercado y probar una visita al mundo infinito de Eduardo Chillida, el de la búsqueda del concepto artístico en las gravitaciones de formas y luces que salen de los objetos, de la materia y la antimateria, los conceptos revisados en la sencillez de un viaje por los espacios, enormes, diminutos.
Es la esencia material de las lurrak, las tierras, el metal de Altos Hornos reflejado en óxidos y en hierros retorcidos por la fuerza de un pueblo empeñado en domesticar una naturaleza agreste, salvaje y bella. Es el sirimiri cayendo con su cadencia de razonable matemática sobre la hierba de un verde casi cartesiano. Y es Cádiz, fuera, soñando su mañana en azules límpidos y templados, al otro lado del mapa, en la calle San Francisco. Tan cerca.

Castrillo

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Isidoro de Tauste, Comodoro Sakarratxa, Castrillo o Isidro a secas. Es muy fácil a veces ser muchas personas al mismo tiempo si se es, al mismo tiempo, una sola. A Isidro le conocí cuando todavía no había echado los dientes (yo) y desde entonces capea con su nave en la misma marisma de vidas paralelas. Entre todas esas líneas de sideral maraña ponía vinos y fórmulas, advirtiendo ya antes de saberse de que las paralelas se cruzan, que las de acodarse son las mejores barras. Un papel y un plato. De ahí sacó Castrillo el logaritmo neperiano del burutxurtu, la fórmula de la piedra filosofal del rusky, cuando en el transiberiano se le reveló el chatka, cuando el chatka era aún chatka y los zocotrocos se servían entre pan y pan. En ese universo navegaba Castrillo con la Pepa, antes que el tiempo hiciese más viejo su pesquero y ya tuviese que viajar a sus mundos, de los de agua o de Juan Lobón, en los que siempre hay una aventura, una chica y en donde siempre ganan los buenos. Unos dirán que es loco, los otros que es fraile. Dirán que es ingeniero, de cuando se le pegaban puñetazos a los loros de Terrasa por animar al Atleti, que es tabernero, de cuando los chinos del jazz del Borda Berri, que tenían cara de pegar a su padre, los hijos de puta.

Nadie diría nunca que su buque es viejo, aunque lo estén carenando en estos meses. Es el mismo barco en el que recibió un mesazo de mármol en la frente en una noche de temporal del Cantábrico, ‘La reina de África’ entre el wisky y los mosquitos, la ‘Surprise’ de las noches de oporto y Bocherini, un  destructor británico en la batalla del Atlántico, el ‘Ciudad de San Sebastián’, una txalupa para pescar chipirones, la balsa de la ‘Medusa’, una trainera, el bote de Gilberto Rolando pescando perlas, su favorito. El que tiene muchas vidas se puede permitir muchos barcos. figura aquí su retrato, pues puede que se lo crucen y les salude desde la borda con su voz de bucanero de Stevenson o de Quiñones, justo en la rosa de los vientos de este Nadando con Chocos, de Donosti a Bolonia, de la Kutralla al Cañuelo, siempre de un sitio a otro.  Le cedan la preferencia de paso y le den recuerdos de mi parte.