Monthly Archives: October 2009

En papel: ‘Un buen soldado’

En este mundo los hay que son tontos y pesados. Esos llegarán lejos, a ministro tal vez. Luego están los demás, con mayor y peor suerte. Y entre esos, los buenos. Al que escribe, y nunca hay que escribir del que escribe, se le va hoy uno de los buenos. Daniel Pérez, un hombre canoso, menudo y que, según las mujeres, posee un halo arrebatador de intelectual complejo.

Paparruchas. Al lector le interesa que el Sr. Pérez escribe. Tiene el don de la escritura, del relato más allá de la entradilla, de la titulación ingeniosa sin estridencias, de la opinión certera, del interés a través del abismo infernal del tercer párrafo.

Daniel Pérez salió de Puerto Serrano y allí vuelve tres años después, con más canas y más oficio. El mundo global tiene sus cosas buenas, entre ellas que podrán seguir leyéndole. Hay en esta despedida un ejemplo aprendido. Que España tiene, entre otras, la deuda histórica de reconocer y recompensar el talento del de al lado, del de abajo. De darle lo suyo al brillante. De no asustarse de su talento, de darle alas, de no taparlo por miedo a que le tape a uno. Cuando este miserable país deje de frenar al válido por temor a que le coma las papas en lugar de aprender de él, quizás comience a crecer.

La vergüenza no permite un relato lacrimógeno de las mil batallas en las trincheras de papel del periodismo imposible del siglo XXI. Pero sí una sola imagen. Después de la campaña heroica de la Easy Company desde Normandía hasta la cuna del Führer en las montañas de Austria, un soldado le confesó a su teniente que no sabría cómo explicar todo aquella historia en casa, a su familia. «No hay nada que explicar. Sólo que ha sido usted un buen soldado». Es más de lo que pueden decir muchos generales.

+ Artículo publicado en la sección de opinión Nadando con chocos de LA VOZ de Cádiz el 31 de octubre de 2008.

L´aigle noir (Barbara)

Un beau jour, ou peut-être une nuit,
Près d’un lac je m’étais endormie,
Quand soudain, semblant crever le ciel,
Et venant de nulle part,
Surgit un aigle noir,

Lentement, les ailes déployées,
Lentement, je le vis tournoyer,
Près de moi, dans un bruissement d’ailes,
Comme tombé du ciel,
L’oiseau vint se poser,

Il avait les yeux couleur rubis,
Et des plumes couleur de la nuit,
A son front brillant de mille feux,
L’oiseau roi couronné,
Portait un diamant bleu,

De son bec il a touché ma joue,
Dans ma main il a glissé son cou,
C’est alors que je l’ai reconnu,
Surgissant du passé,
Il m’était revenu,

Dis l’oiseau, ô dis, emmène-moi,
Retournons au pays d’autrefois,
Comme avant, dans mes rêves d’enfant,
Pour cueillir en tremblant,
Des étoiles, des étoiles,

Comme avant, dans mes rêves d’enfant,
Comme avant, sur un nuage blanc,
Comme avant, allumer le soleil,
Etre faiseur de pluie,
Et faire des merveilles,

L’aigle noir dans un bruissement d’ailes,
Prit son vol pour regagner le ciel,

Quatre plumes couleur de la nuit
Une larme ou peut-être un rubis
J’avais froid, il ne me restait rien
L’oiseau m’avait laissée
Seule avec mon chagrin

La espera

Una café bebido, media magdalena tragada como una medicina. Hace frío en mangas de camisa. El cuerpo cortado por el vino de la noche, la falta de sueño y la madrugada soñando la mañana. El sol barre de oscuridades la hierba húmeda y el gran foco se asoma entre la sierra  de Andújar y las ramas de un chaparro. Huele a pasto y a agua. Cargas la paralela, echas mano a la caja de cartuchos, revisas el puesto y el walkie. ¿Estás ahí? Te recibo.  Enciendes un cigarro, echas el humo fuerte de ayunas, el corazón ancho y los ojos en cualquier remotísimo vuelo de un lejano gorrión. Si hay suerte, en media hora romperán a volar las tórtolas. Silencio. La Sarasketa, un amigo, un perro y una mañana de caza por delante. No existe más: la humanidad, imbécil, debe seguir en la cama. Ahí vienen.

En papel: Cabronada popular

Dos peñas carnavalescas gaditanas han decidido refundar los principios del ingenio trimilenario de la ciudad y se han sacado de la chistera de la gracia una nueva actividad para el próximo febrero que dinamita los límites del chiste fino. La I Cabronada Popular, «un pelotazo» en El Mentidero. Y no se traerá a Bin Laden, Hugo Chávez, Bush y compañía, sino que (he ahí el golpe) repartirán a los asistentes un plato -presumiblemente de plástico- con una combinación de huevos fritos con patatas, receta conocida comida de cabrón por la tradición lingüística de la ciudad.
El valor añadido del proyecto es inconmensurable y diverso. De una parte, potencia la riqueza gastronómica autóctona de la zona. Además, realza a todas luces el patrimonio filológico gaditano, al rescatar aquello de la comida de cabrón, tan de la zona y, cómo no, remacha el carácter propio del gaditano, tan orgulloso de ser amante de lo gratuito, aunque sepa a guano de gaviota.
Son, como verán los lectores, actitudes constructivas que llegan de una vez por todas para realzar el tipismo de la ciudad de cara, obviamente, a resultar un escaparate de altura ante las celebraciones del Doce.
Como remate, está la televisión, en la que Cádiz se asegura varios minutos de los programas de directo en la que podrá mostrar toda su batería de ingenio. Se espera que un reportero preguntón -y con recursos suficientes como para hablar a la cámara con la boca llena de su comida de cabrón- entreviste a uno de los camareros ataviados con ingeniosos gorros de vikingo con los cuernos pintados de colores. Enhorabuena. Así enseña Cádiz a organizar una buena cabronada popular como Dios manda, y no subiendo dos puntos el iva.
+ Artículo publicado en la sección Nadando con chocos de la sección de opinión de LA VOZ el 23/10/2009

Sueños. Toros.

Sueño con toros, se supone que porque a la hora de soñar, la cabeza echa mano de lo que tiene más cerca. Ahí van las diferentes variantes, no muy difíciles de interpretar. Son tres básicamente.

1) Una calle, el toro hace por mí y no puedo correr todo lo rápido que quisiera (lo típico de los sueños) , ante lo cual siempre me agarra. Esto puede ocurrir con la misma frecuencia en plazas de toros, bares, discotecas, portales, oficina, etc. Me incomoda o me divierte, depende del grado de consciencia de que se trata de un sueño.

2) Un encierro. Los toros llegan cuesta abajo. Hay mucha gente. Estoy en el centro de la calle y obviamente, los toros vienen a por mí. No puedo correr, ni siquiera darme la vuelta. No me puedo mover un paso, sólo alcanzo a taparme la cara y agacharme en el sitio, en cuclillas. Se abre la gente, hay un negro abriendo manada, me va a coger, me despierto. Este es muy constante. Me asusta.

3) Un encierro o una suelta de vacas. Me levanto, quiero llegar a correr y no puedo. Soy incapaz de llegar. Pienso todas las posibilidades, los trucos, pero es imposible. Todo se coordina para que yo lo llegue. No llego al encierro. Siempre lo veo pasar. Me enfado.

Anexos. Dos sueños puntuales relacionados con toros dignos de reseñar por el buen rato:

a) El día que le corté las dos orejas a un toro en el palco de los Maestrantes de la Maestranza de Sevilla en plena feria. Por cierto, estaba como a 40 metros de altura y el riesgo no era la cornada, sino que el toro empujaba al que cogía para que cayese al vacío. No había vallas. Gran estoconazo, por cierto.

b) La tarde en que cuajé un ñu en un campamento en África con un jersey rojo enorme armado con dos ramas. Un faenón.

En papel: Twitter y la Revolución

Twitter no es otra cosa que estar en el mercado una mañana y escuchar, entre el murmullo, todas y cada una de las conversaciones. Unos dicen tonterías, otros merecen unos minutos, incluso más que Sálvame Deluxe o Sin tetas no hay paraíso, que por cierto resulta la manera más rebuscada y mezquina de relacionar las tetas y el Paraíso.
Vale la pena dos clicks para aterrizar en las palabras de Yoani Sánchez (@yoanisanchez), de Generación Y, uno de los blogs más relevantes hoy en día por razonable y libre. (http://www.desdecuba.com/generaciony). Una cubana de 34 años con pluma fácil cuenta cómo habita una utopía que ella no eligió y que promete no heredársela a sus nietos.
La dictadura represora de Castro, como todas, teme más las palabras que los misiles y ha bloqueado el dominio de su blog en la isla. Lo leen decenas de miles de personas al día en todo el mundo, todo el mundo salvo ella y sus paisanos. Ahora le han prohibido por cuarta vez la salida del país para recibir un premio de comunicación en Columbia. Pero la Dictadura no ha tenido hormonas para capar Twitter.
Allí grita su libertad Yoani desde la sordidez de una sala de inmigración en la que recibe otro no sin razones. «Máquinas de bypass que se apagan, llantos de bebé que resuenan. Cuños que caen sobre las hojas para negar y censurar; kilobytesque llevan mi voz por internet sin necesidad de moverme». Alguien la mira ceñudo mientras habla por el walkie. «Un pájaro llamado Twitter me alza entre sus patas». Usted no puede viajar por el momento. «Si bien ya estoy a miles de kilómetros de aquí, en ese mundo virtual que ellos no pueden comprender ni cercar». Eso es Revolución. Vayamos con ella.

En papel. Volver a los cuarteles

El hecho de que los kamikazes llevaran casco no es la única incógnita fascinante del arte de la guerra. Hay más. Hay gente que se pregunta con cierto sentido para qué quiere España a sus ejércitos. Obviamente, no es para ver morir a los soldados propios, que por alguna razón siempre duelen más que los ajenos. Ni para llenarse los ojos de viudas de caras desencajadas y de fotos de carné en las que aparecen adolescentes que uno se imagina ya dormidos en una caja de metal.
En las misiones se muere, porque la muerte es a las guerras lo que las inundaciones a la lluvia. No hay más. Si la pelea es justa o injusta, si merece la pena o no, es cosa de los sabios, pero nadie puede negar desde Trafalgar que los tiros se reciben con honor y que los soldados reciben tiros.
Ni ésta ni otras mil columnas van a resolver si tienen algún sentido la OTAN, Afganistán, la cabra de la Legión o la madre que parió a Bin Laden, pero España está en este juego desde hace muchos años. Retirarse cuando cae uno del bando propio es de cobardes desde que el mundo es mundo. Nadie, salvo las madres y las novias, le puede encontrar un sentido racional a salir corriendo, a un ejército en los cuarteles, dándole aceite a los cañones y haciendo maniobras, sacando brillo a los botones y atronando con sus botas el asfalto de los desfiles.
Eso no les hace gracia ni a los mismos soldados, ésos a los que se les queda la cara de chusco en la pantalla de los informativos tras el buen rollo de las declaraciones de una clase política que les ha dejado siempre con el culo al aire. No los quieren en el frente, ni siquiera en los barcos defendiendo el suelo español de los atuneros vascos de los piratas de Somalia. No sea que peguen un tiro.

Matilde volvió a bailar por Chano

mat
De vez en cuando, el mundo sorprende y recuerda a alguien. La historia, máquina trituradora de biografías dignas de elogio, ese gigante borrador de existencias, se ha olvidado, por suerte, de olvidar a Chano Lobato y toda su aura casi mágica. Ayer se le recordó por derecho en un homenaje del flamenco de Cádiz del que fue padre, hijo y espíritu santo. Y algo más. Se presentaba lo que queda del genio de Santa María, que son el legado artístico, los recuerdos y las anécdotas cuando El Gran Teatro Falla se llenaba para acoger un homenaje que cerraba el círculo de reconocimientos. Cádiz le dio una calle, una placa en su casa, un monumento de bronce; el flamenco de Andalucía, el premio Niña de los peines. Pasado el luto a medias quedaba el cariño de sus compañeros del flamenco en Cádiz. En la organización, la Agencia Anduza de Desarrollo del Flamenco, el Ayuntamiento de Cádiz, Diputación y la Junta. En los palcos, Francisco Perujo, la alcaldesa Teófila Martínez, Rafael Román, Diego Sales, Sebastián Saucedo y muchos otros anónimos que consiguieron llenar el Falla.
El hombre no ha inventado aún ningún gadget que construya mundos posibles y adivine lo que hubiera soltado la boca de Juan Ramírez Sarabia al ver reunido en el mismo escenario al presente y futuro del flamenco en Cádiz. Probablemente, una chuflilla, un requiebro, nada de palabras solemnes. «Se hubiera echado a llorar», decía Juanito Villar.
Claro, que desde que a Chano Lobato se lo llevaran de este mundo una diabetis y sus más de ochenta tacos, el mundo le ha recordado con una sonrisa. Al margen del luto desgarrado de su familia, nunca se conoció un tanatorio con más chufla con pañuelos que el de la SE-30 el pasado abril, ni más bromas en un duelo. Chistes aparte, la dimensión del genio ha sido capaz de dinamitar incluso la oscuridad de la pérdida.
Recuerdos
«Si no somos capaces de pasar un buen rato, no somos dignos de Chano», dice Jesús Vigorra, compañero de ondas y conductor de la noche junto a la gracia espontánea de la gran Matilde Coral. Nervios. Recuerdos. Se apagan las luces.
Chano cuenta en una grabación algunas de las suyas, la de la siesta de los tartesos, la de Pericón, el robalo de 45 kilos y la pesca de un farol fenicio encendido. A Matilde Coral, a la que tantas veces cantó, se le partió la voz al darle gracias por haberle dado la felicidad y «el 90%» de su éxito.
Los mundos perdidos de Chano respiraban en el aire caliente del Falla, con las fiestas de los señoritos, el muelle, el matadero, las cosas de los flamencos de la gracia, el hambre, los tirititranes y el compás. Un universo que «se ha ido para siempre», dice Juanito Villar pero que seguía vivo en el escenario. Ayer, por un momento de espejismo.
Ovación. «Los recuerdos son aplastantes», dice Matilde Coral. Las hermanas y los sobrinos de Chano estaban allí, partidos por la pena. Su viuda y su hijo, en Sevilla por enfermedad.
Tomaban el escenario Antonio Reyes, Felipe Scapachini, Encarna Anillo –«un jilguerillo nuevo», le dice Matilde– y una entregada Carmen de la Jara.
«Le gustaban mis colombianas, y siempre me decía Sobrina, cántate una! Por eso vengo a cantarle un con todo mi corazón y todos los recuerdos de estos treinta años».
La letra la había compuesto su hijo. «Al cielo le mando y yo le canto esta colombiana, Chanito mío de mi corazón». A flor de piel estaban los nervios, «el respeto y la responsabilidad» de El Junco, por ser el único bailaor de la noche. «Admito que he tenido que parar en los ensayos, porque se me pone un nudo en la garganta». No era para menos la papeleta.
La técnica y el cariño hacían posible que Juan Ramírez Sarabia le cantase a Juan José Jaén, Chano a El Junco, el mayor cantaor de entonces al mayor bailaor de ahora, dos generaciones en carne y espíritu, casi como una alternativa póstuma, muy torera.
Todo sucedió a compás. David Palomar saliendo al escenario como el germen consolidado de los cantes de Cádiz, Juanito Villar desencajado por la ausencia, cantando «porque hay que cantar hoy aquí y por respeto», y la sorpresa de la noche. La gran sorpresa de la noche.
Desde Málaga llegaba Miguel Poveda, que no quería perderse el tributo. Vigorra tentó a Matilde Coral. «Si te inspiras…». Se empezó a avecinar lo más grande. Matilde escuchó a Poveda. No dio tiempo a más y Coral se arrancó por alegrías en un momento histórico, contra el que no pudieron ni el tiempo ni tampoco sus rodillas de titanio.
«Más molida que la canela», se confesó, y debutó en el Falla a sus 74 años, llorando. El teatro, en pie. Impresionante. La ovación fue atronadora.
Mariana, cierre de fiesta
Mariana Cornejo esperaba para cerrar el homenaje «con todos los honores». Para rendir tributo al soldado de los cantes de Cádiz no cabían bulerías, sino alegrías y tangos. Cómo no. El más melancólico se lo había escrito Juan Osuna para la ocasión. «Un Domingo de Ramos, domingo de quebrantos». Así dice. «Los gaditanos lloran en la madrugada de Lunes Santo. Doce arcángeles de gloria lo citan en Triana para llevárselo en volandas a su tierra gaditana». Así continúa Como una lección de vida, el escenario del cantaor Chano Lobato volvía a pasar una vez más por encima de la pérdida. Fin de fiesta. Sí. ¿Por qué? Pues por tanguillos. Precisamente el de Los duros antiguos. Claro, cuál iba a ser si no.
+ Crónica publicada hoy 8/10/2009 en LA VOZ de Cádiz. La foto es de Antonio Vázquez, que no ha perdido la fuerza con el cotre de sus rizos.