Monthly Archives: November 2009

Volver (a irse) a Madrid

Lo decididamente jodido de emigrar es que algún día hay que volver a emigrar. Volver a irse para volver a irse más tarde. O se queda uno en el limbo o toma de nuevo las maletas hacia otra casa mientras se le van por los retrovisores teléfonos de agenda, habitaciones de hotel, casas y vidas disueltas en el curioso eco que se escucha en las casas con mudanza. Patrias diversas, esos lugares en que el espíritu apacenta, que cantó Manolo García cuando fue en un Carnaval de ese Cádiz chico, azar de siemprevivas, espejo de alondras en sus cielos. Antes de escribir este post juré ante la foto que tengo con los Enteraos y por la última propina a Kid Betún que no escribiría melancolía ni despedida, así que vamos al bollo:

Después de cinco años y medio de sonrisas, en un clima de tendencia a la baja del periodístico escrito en general y el planeta en particular, la redacción de Nadando con chocos, lejos de arredrarse, se traslada a Madrid con nuevas misiones. El único miembro de este equipo que antes les contaba cómo se montan las olas en los atardeceres de El Palmar, promete seguir con su crónica voluntariosa, esta vez acerca de cómo se cabalga en el monstruo metálico de la capital de España. De narrar los trucos de la pesca de la mojarra, intentará pescar una mesa en un restaurante barato y bueno en Madrid, cosa harto difícil como muchos de los lectores saben. Al fin y al cabo, su único redactor seguirá en equidistancia entre la Playa de La Concha y el Faro de Trafalgar, lo que le provocará placeres futuros (inciertos en este mismo segundo pero que llegarán con toda probabilidad).

Dado que tiene la mala costumbre de comer tres veces al día, combinará sus tareas de redacción en esta página con el trabajo periodístico en Vocento, esta vez también de LA VOZ de Cádiz pero dentro de los demás periódicos. En el suplemento V que se estrena mañana viernes después de esta, la noche de los rediseños largos (enhorabuena a todos los currelas). El redactor se dedicará al reportaje (siempre fue el tío de los reportajes raros), cosa de la que no se puede quejar pues, aunque todos los trabajos tendrán lo suyo en algún momento, puede decir que es una de las cosas que siempre quiso hacer.

Convencido de que no se dedicará en este post a sus ya excompañeros de trabajo dado que sufre la amenaza de un encogimiento (ahora sin jota, Gracias, Antonio) severo del corazón y consciente de que ya no está para galopes nostálgicos, dirá que los nuevos tienen buena pinta personal y mejor profesional, con lo que espera que se le pegue algo de alguno de ellos y deje de ser un periodista tuercebotas con algún fogonazo de suerte.

En todo este viaje, Nadando con chocos contará con la corresponsalía, la valiente redacción y la vital compañía de su alter ego, el El Tanque Ruso, un hecho que le agrada sobremanera y le proporciona suficiente oxígeno para pasar la ola que se le viene encima en su periplo lejos del mar. Sus desconsolados lectores pueden estar seguros que la chica vuelve a escribir de esta. Y termina. Suerte a todos y gracias. Estamos en el 687870104, en chapuapaolaza@gmail.com y, por supuesto, en este santo blog.

PD: a los compañeros y amigos, mañana viernes tenemos una cita en nuestro particular club de oficiales, el bar-restaurante Glorieta de la Zona Franca.

El ‘En verdad te digo’ póstumo

Algún sesudo gurú podría escribir sobre la función de los blogs como plataforma para salvar los artículos que se cargan las publicidades. Este fue el último ‘En verdad te digo’ entre Mabel y yo que nunca salió y cuya sección pasa a mejor vida con el rediseño. Allá va la despedida.

-Francisco Apaolaza: ¿Me echarás de menos?

-Mabel Caballero: Con toda mi alma. Menos mal que no estamos en 1812 y además de la diligencia, también podremos comunicarnos por internet. No, hombre, no, que te vas a Madrid no a Tokyo. Continue reading

Oroz y los sanfermines de Cádiz

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Mala suerte. Por placer y negocios me perdí el encierro a la gaditana del otro día. Hubiera dado pasta por seguir a los toros con la sorejas bien abiertas. Al final, todo quedó en un susto, en un ridículo grande de los organizadores y en una de las mil anécdotas de esta ciudad. Hay cosas que SÓLO pueden pasar aquí. Está todo dicho, pero hoy me ha llegado la contrarréplica de la gracia gaditana desde Pamplona por el gran Oroz. Es cierto Mariano, hace un mes no hubiera soñado el chiste.

Cádiz-Madrid. Autobiografía fitness en dos partes

Gimnasio de Madrid. 2003. José Abascal. Todo lujo. Compañía: Paula Echeverría, Elsa pataki, Eduardo Zaplana, David Beckham. Ejecutivos conectados a Bloomberg TV y a la blackberry, silencio y buenas maneras.

Gimnasio de Cádiz. 2009. Zona Franca. Equipamiento correcto. Compañía: Una decena de jubilados forzudos en spinning cantando al alto la lleva la última de Bisbal sobre su bicicleta estática. “¡Yo soy esclavo de tus besos!”

Glorioso, el segundo. Claro.

La última

De haberte dedicado a las artes plásticas te hubieras apellidado Buonarotti, aunque tus pinceles sean las piernas y el lienzo el adoquinado de la Estafeta. Y la medicina, aunque este no sea el asunto. A los que no lo sepan, les diremos que estas fotos retratan la pasión de  tu última carrera, 13 de julio de 2007, la última “oficial”, aclaras, ante un toro de Bañuelos. Desde esa mañana, tu familia y tus chavales duermen más tranquilos, pero los que de niños soñamos con ser tú, cuando todavía no te afeitabas la cabeza, sentimos cierto desconsuelo. Que sí, que la edad, que si la cordura, que si el mayor te pide que te quites, que si el adductor, que si los dolores y la gran puñeta… Que sí, pero la lógica no entiende de esto, porque que te vayas del encierro es como que se retire Mick Jagger de los escenarios, que nos deja a todos un ratito más viejos, más pesados, con menos ganas de brindar, a ver si me entiendes. Además de una ronda pendiente, a partir de ahora quedan el vídeo y las fotos, aunque te pueda encontrar el día menos pensado en la calle, lejos de tu sitio, entre la masa, soñando una veintena de zancadas como estas hechas de potencia, valor, técnica, garra, justicia, limpieza y sobre todo elegancia. Ten cuidado. Por los buenos, ratos, maestro. Gracias

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Vueltecita gaditana por Google maps

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Dice un usuario que si uno se pone un ventilador en la pantalla, puede sentir hasta el Levante. No es para tanto, aunque Google ha revolucionado la clásica vueltecita gaditana con su servicio Google Street View, el giro de tuerca de Google Maps que permite al usuario instalarse en las ciudades de la provincia y mirar a un lado y a otro como si estuviera allí.
En la Alameda, el Campo del Sur, la Catedral y hasta en el último callejón de la Bahía, Jerez y la Sierra. Google ha grabado toda la provincia con fotografías superpuestas que crean una sensación envolvente. Y esto no es el tópico de un anuncio de coches, sino que el sistema incorpora herramientas que dejan al paseante virtual mirar arriba, abajo, a derecha e izquierda y moverse en todas las direcciones. Esto se puede hacer clicando en la pantalla en el lugar de la imagen desde donde se desea mirar.
El público de la herramienta es enorme. Curiosos merodeadores de la web desde la otra punta del planeta, turistas, gentes que buscan su camino y los miles de integrantes de la diáspora de gaditanos en el mundo. Para los que no sepan por dónde andan, el sistema no deja dudas al respecto: los nombres de las calles están sobreimpresos, dispone de brújula, zoom y un cuadro en el que aparece el clásico callejero con las coordenadas de la persona y la dirección en la que está mirando. Por supuesto, incorpora todo el engranaje publicitario de búsquedas de establecimientos de Google. Además, deja la puerta abierta a la comunidad turística. Los internautas pueden colgar sus fotos tomadas desde cada lugar y consultar las fotos de los demás.
Google Street View comenzó a funcionar en algunas ciudades estadounidenses en 2007. Las primeras ciudades españolas en aparecer fueron grandes urbes como Madrid, Barcelona o Valencia y en estos días se han incorporado el resto de ciudades. El coche de Google que toma las imágenes pasó una temporada en la provincia en febrero, coronado con una curiosa cámara.
Privacidad
Todo, hasta la tecnología, tiene su lado oscuro. En este caso, el talón de Aquiles es la privacidad, pues las imágenes de la calle incluyen quién estuviera en ese momento ante la cámara. Los que no quieran figurar pueden enviar un correo electrónico para que les difuminen la cara como se ha hecho con las matrículas de los coches. Problema similar plantean las tomas de centros sensibles como los penitenciarios o la perspectiva de la cámara que trasciende la altura de ciertos muros.

Sokamuturra

No éramos más que niños en la España gris de la Transición, dibujada de  plumíferos de colores y botes de humo. Unos críos jugando a ser hombres en la sokamuturra, un juego de toros ensogados con el que comenzábamos a vivir el impulso atávico de ponerse delante de los cuernos y enfrentar los fantasmas de uno mismo. Ellas, las vacas, eran también niñas la mayor parte de las veces. Como aquella de 1982 en la plaza de Azpeitia, la primera de un servidor, toreada al alimón con el aita, aquella a la que le debo primer miedo, el primer capotazo y la primera nariz sangrando, la primera voltereta con cinco añitos y el regreso torero al ruedo llorando de rabia, la aurora de las batallas que vendrían luego en una vida que se advertía en épicas más allá de los juguetes. Luego vinieron la plaza de Zestona, en Azpeitia, en Donosti ya más mayor, en la Trini, la Consti, el muelle descalzo, sin ni siquiera unas zapatillas de deporte en las sokamuturras, arrimándonos sin la sombra del bigote a una vaca sin casi pitones. “Chapuli, hay que templar, siempre templando”, decía el aita, y mamá llorisqueando en el balcón del Ayuntamiento. Hoy el absurdo sistema le hubiera quitado la custodia, porque el sistema nunca ha sabido de toros. Nosotros nos aconsejábamos, pálidos, y repetíamos  las lecciones que llevábamos en la cabeza, aprendidas de los viejos, en el toro de fuego, ensayadas en aquellas plazas entre revolcones y codos desollados, haciendo el quite al vecino de portal, con la hazaña del héroe soñándose en la curva de la Estafeta o en Santo Domingo, en Pamplona o en la Ribera, lo que vendría después. “¡Aupa Múgica, no le pierdas la cara!” Allí andábamos gusarapos que aún bebían mosto Palacio con aceituna en el Sakon o el Borda Berri, robando un quiebro a los mayorones con un ojo en la talanquera y el otro en la chavala del balcón, sin atender a que esa lección de superación loca iba a ser lección de vida para el toro que se nos vendría encima con los años. Mediados de los ochenta, España y Euskadi toreando un futuro con más lágrimas que esperanza y nosotros allí, en la sokamuturra, sin saber nada más de lo que nos hacía falta. Porque no éramos más que unos niños jugando al toro, los mismos locos que se han aparecido hoy con sus plumíferos en este vídeo que enlaza Manolito, como fantasmas felices de otro tiempo.

El pasodoble-trikitrixa es de dos orejas y rabo, por cierto.

Óscar Lobato, libros y caballos

“Las amazonas cabalgaban en los campos de batalla antes de que las matasen en la cocina”

La misma voz que se ha enfrentado con serenidad a los sucesos más brutales de la historia de la provincia se alborota con sólo imaginar la libertad que sienten los hombres al galope largo por una pradera, el apasionante juego psicológico que se establece entre caballero y animal. Da la impresión que podría pasar horas hablando sobre caballos y personas, que al final es hablar de personas. Tendrá que hacerlo. Óscar Lobato (Cádiz, 1958) se siente «más plumilla que escritor» aunque ahora cabalgue sobre la promoción desbocada de su segunda novela. Centhæure (Alfaguara) es una mezcla prometedora de novela ecuestre y de intriga, de ambiciones de este siglo y amazonas de leyenda que se presenta hoy a las 20.00 en la Asociación de la prensa de Cádiz y el día 19 de noviembre en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre de Jerez.
-¿Cómo es Centhæure?
-Es un acrónimo. Se trata del Centro de Nuevas Tecnologías Hípicas, Alta Escuela y Universidad de las Ramas Ecuestres. No existe en la realidad, pero en la novela se dedican a alta escuela y también orientan su trabajo para entrenar caballos para otras modalidades deportivas como el concurso completo, el salto, el polo… Los caballos son propiedad del centro o de los magnates que invierten en caballos buenos y en darles un entrenamiento de elite con jinetes españoles, muchos de ellos olímpicos. En ese ambiente sofisticado y de lujo comienzan a ocurrir cosas extrañas. De pronto, los caballos matan a los jinetes. Continue reading