Monthly Archives: December 2009

Un pitillo con su señoría

Vaya por delante que me he divertido haciendo periodismo en otras situaciones, y esto incluye saltar sobre los charcos, pero entrar en el Congreso de los Diputados no está mal. No es que se me haga el culo pepsi con eso de entrar en el Palacio, pero tiene su cosa. Entras, pasillos largos, qué peaso de moqueta, los cuadros buenos, mira ese mueble, etc. Subes a la tribuna, ves los tiros de Tejero (esto no puede faltar), saludas con disimulo a algún ministro o ministra conocido o conocida, te encuentras con algún diputado ex vecino… No hay tanta leyenda, pero su gracia, lo admito.

Lo divertido es que tu trabajo no es desentrañar las claves sobre Aminatu Haidar o la presidencia europea… Lo curioso es que tu curro consista en fumar con sus señorías. Sabíamos que iban a caer reporta jes raros…

Bien, pues aquí va el primero.

Tallar la paz

Con un gesto antiguo, aprendido en millones de intentos, el artesano talla una imagen de Jesucristo con un minúsculo cincel. En esencia, la imagen que propone Abed Al Hashlamoun resulta apacible. La cosa cambia cuando se abre el foco. Alrededor del pequeño trozo de mundo que ha retratado el fotógrafo de Efe se presiente Belén, una pequeña ciudad asediada por los muros israelíes contra los que resuena el eco de los más de 1.400 muertos que ha dejado la última ofensiva de un conflicto brutal, descarnado y sin una solución a la vista. Ésa es la banda sonora de la Navidad en la que lloran los muertos de Cisjordania y el lamento se funde con el cántico alegre de un vendedor que pregona las pequeñas figuras de madera. Más allá, un murmullo de turistas entra con sus cámaras por la puerta de la Basílica de Belén, el edificio que construyó en el 323 Constantino -el primer emperador cristiano de Roma-, sobre la gruta en la que se dice que pudo haber nacido Jesús.

El artesano de la paz es árabe y cristiano al mismo tiempo y venderá menos este año. En el último decenio, ha descendido paulatinamente el número de viajeros a Belén. Ahora son 1.250.00 al año, (la mayoría en Navidad), pese a que los turoperadores -todos israelíes- organizan viajes relámpago y muchos se alojan en Jerusalén, a ocho kilómetros al norte del tenderete. La crisis no es nueva. El agotador negocio de tallar la paz a mano nunca ha sido una industria rentable, pero tampoco llega a quebrar definitivamente. A ese curioso fenómeno los expertos le dicen ‘esperanza’.

+ Artículo publicado en la última del nsuplemento V el 24/12/09. Foto: Abed Al Hashlamoun, EFE.

Relojes, chocolate y referéndums

Suiza tiene sus cosas. Montañas de postal, un delicioso chocolate, relojes precisos, un ejército del que medio mundo piensa que no existe, depósitos bancarios que dejan en ridículo a la cueva de Alí Babá y la extraña costumbre de votarlo casi todo en consulta popular. El pasado 30 de noviembre, el país hizo saltar las alarmas de Europa al decidir en uno de sus referéndums (les llaman ‘votations’) prohibir la construcción de minaretes. Participó la mitad de la población y ganó el sí por el 57,5% de los votos pese a que solamente hay cuatro minaretes en el país. Extraño, sí, pero común. Cuatro veces al año, los suizos tienen que acudir a las urnas para responder a las cuestiones que les formula el Estado, muchas de las cuales bailan sobre la fina línea que separa el ridículo de la pureza democrática.

Las ciencias políticas llaman al modelo democracia directa, frente a la democracia representativa que impera en Europa. En España, por ejemplo, los ciudadanos eligen a unos representantes parlamentarios que deciden por ellos, con los consiguientes cabreos a pie de calle. Las decisiones se toman en el Congreso (y el olvidado Senado), los parlamentos autonómicos y provinciales y los ayuntamientos. En Suiza, además, se pregunta directamente a los ciudadanos, bien sea sobre iniciativas populares (necesitan 100.00 firmas) o sobre el veto de leyes federales (50.000 firmas). A eso le llaman democracia mixta.

Todo en la Confederación Helvética es bastante especial. De entrada, hablamos de un país con un territorio doce veces menor que España y dividido en 26 minúsculos estados en los que viven siete millones de personas que tienen poco que ver unas con otras. Hay suizos franceses, italianos, alemanes… Cada uno con su idioma.

Tienen cosas en común. Una curiosa bandera y la costumbre de asistir a las urnas de vez en cuando. Cada vez que acuden dan su opinión sobre unos 20 asuntos (federales, cantonales y comunales), 80 al año. El próximo 7 de marzo, entre otras iniciativas populares, refrendarán la institución de la figura del abogado de animales, una figura que proteja sus derechos y haga de fiscal ante los malos tratos, lo que pone en cuestión su código civil.

Su particular filia a las urnas comenzó en 1893, cuando decidieron que los animales de granja debían abatirse aturdidos en los mataderos, con el consiguiente enfado de los judíos, pues iba contra los ritos de la comida Kosher. Y siguieron adelante. En 1908 prohibieron beber la fortísima absenta suiza (luego revocaron la decisión). En 1930, los suizos decidían sobre si podían aceptar condecoraciones de países extranjeros y más tarde, la prohibición de las sociedades masónicas (1937). Las cosas de aquellos tiempos. Los 70 fueron los años de las reivindicaciones laborales (jornada de 40 horas en 1977) y los 80 del pacifismo. En 1989 rechazaron que el suyo fuera un país sin ejército (muchos siguen pensando que no lo tiene pese a que se traga el 1% del PIB), y tres años antes proponían ‘Un alto a la muerte de los bosques suizos’. No prosperó, al igual que la petición de decidir por referéndum el trazado de las carreteras (1978). ¿Quién se imagina un país con millones de ingenieros de caminos ‘amateur’? Todo esto, entre cientos de propuestas federales donde se repiten las cuestiones relativas al trabajo, el bienestar social y la inmigración.

«La cuestión no debería ser tratada como algo raro, ni cabe sobre el asunto un enfoque burlesco. Todos estos temas responden a una inquietud social que está detrás de toda iniciativa y es algo muy serio», defiende con cierta solemnidad un portavoz de la embajada suiza en España. «Es algo muy arraigado en nuestro pueblo que otorga cohesión al país».

¿Democracia o populismo?

El problema es que el resultado de todas estas normas pasan a formar parte de la Constitución. «Eso no puede ser. La Constitución no está para decir si se puede beber absenta o no». Habla Bernard Wutrich, jefe de Nacional del rotativo francófono ‘Le Temps’ (el segundo del país), que explica cómo en 1989 tuvieron que ‘desbrozar’ el texto de cientos de añadidos porque «pesaba demasiado».

Entre la intelectualidad suiza se ha abierto un debate velado sobre tanta consulta. En un lado de la balanza, el sistema asegura una política «muy cercana al ciudadano». Los políticos tienen que ajustarse a los deseos de sus gobernados, ya que les pueden tumbar cualquier ley. En el otro plato, el daño colateral de que las votaciones sean «un instrumento para la extrema izquierda y la extrema derecha», advierte Wutrich. Y para los ‘lobbies’.

Ante los desmanes, una regla dice que todas las iniciativas que pasen a consulta tienen que respetar los Derechos Humanos. Pese a todo, el asunto de los minaretes ha abierto la caja de los truenos. Para algunos, se trata de una pregunta demasiado simple a una cuestión demasiado compleja. Para otros (entre ellos la embajada), la decisión es «la punta del iceberg de un pensamiento muy extendido». Al final, es «la voluntad del pueblo», dicen. Y eso, en Suiza, va a misa.

+ Publicado en ‘V’ el 21/12/2009

En papel: Arde Orión

Una sopa de sobre con sabor a estrellas, la amalgama de materia y no materia que forma el Universo, la esperanza entre tinieblas en el fondo del ‘San Francisco en meditación’ de Zurbarán… La poética puede acercar al hombre al infinito. Y también la ciencia, que trae esta imagen recién parida en el novísimo observatorio VISTA de Paranal, en el desierto chileno, un ojo metálico de tres toneladas con 67 millones de píxeles. El pie de la imagen se explica, aunque no se logre comprender. Porque cuesta imaginarse desde la fría parada del autobús de camino al trabajo que la Nebulosa de la Llama -ese es su nombre- estalla en un guateque de estrellas jóvenes y calientes. Que latió como un corazón gigante sobre el cinturón de Orión a un millón y medio de años luz del flexo de la oficina, los faros de los coches y los mecheros de los conciertos. Que NGC 2024 es una ensalada de iones de hidrógeno recombinándose, un foco oculto bajo el polvo estelar que sólo se puede ver con un telescopio de infrarrojos como el VISTA. Que Roy Batty avisara en ‘Blade Runner’ que había visto atacar naves en llamas más allá de Orión y rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Y que nadie le creyera.

+ Publicado en la última del suplemento V de Vocento el 14 de diciembre. Foto AFP.

Frío ortigosano

Hace frío. Bien. Pero no tanto. Dos días de alertas por peligro de congelación del mundo. Se acerca una ola de frío “siberiano”. No discuto el término, pues dícese de una masa que viene de Siberia. Por esas también le podrían llamar pirenaica, pues después de Siberia pasó por encima de Candanchú. Por narices. Lo mismo, en verano. El humano le dice que es ola de calor africano, y en Tánger con ‘yersi’ tan ricamente. Africano es cuando el coche en Cádiz se pone rojo y en la terraza hay bichos que no habías visto en tu puta vida nunca. ¿Qué es eso turquesa y rojo con alas enormes? Un bicho africano que debió llegar probablemente empujado por una masa de aire africano. El bicho no habla, con lo que no se le puede interrogar.

Siberiano, bien. Hace un frío siberiano que jode el bolo. Tan siberiano que en Madrid hacen dos grados y el cielo espolvorea un dedo de nieve sobre las cunetas. Lo justo para felicitar la Navidad. Pero siberiano, siberiano… Siberiano, los cojones. Que dice mi amigo Jose Garay que está hasta los mismísimos de que cada dos por tres salga una chiquita por la tele dando la noticia  que a las cuatro de la mañana en el puerto de Opakua los camiones han puesto cadenas y hay un frío siberiano de cero grados. “A esa la llevaba yo a la Trinchera el 20 de noviembre”. La Trinchera, línea de tiro al paso de paloma torcaz en Ortigosa de Cameros  en la que hace un frío. Y eso puede ser menos quince, que yo lo he visto.

Así que reajusten las alarmas. Siberiano, guantes y bufanda. Si escuchan frío ortigosano, pueden empezar a asustarse.

Desde Madrid

Oye, Madrid no es tan malo.  El ser humano tiene una capacidad infinita de adaptarse a las circunstancias. 2×1. Cambio reggaeton y bachata por una guajira de Chano Lobato. Si la música es buena, el tráfico puede tener algo de conga mañanera. La M30 y la M40 son más jodidas. ¿Cómo puede haber tantos carriles y salidas? Tiene más entradas que Chiclana. Tras una semana consigo perderme una sola vez por viaje. No es tan malo, no. La gente en la carretera es simpatiquísima. Los que quieren correr más, menos, los que vienen por babor, los que vienen por estribor, los que entran y los que salen. Son majos. Todos me tocan la bocina, deben conocerme de algo, aunque yo ahora no los recuerdo.