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En papel: Soraya se hace grande

Cuando llegó a la política, a Soraya Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) le plantaron una de esas preguntas que suenan a trueno, a tormenta que se acerca: «¿Estás acostumbrada a los marrones?». Fue durante la entrevista que le hicieron para entrar como asesora jurídica de Mariano Rajoy. Tenía 33 años, era abogada del Estado y en ese momento no se imaginaba un marrón tan grande como regir el traspaso de gobierno con la soga de los mercados al cuello y un bebé de días llorando por las noches en la cuna. La peripecia política y personal dice bastante de una de las mujeres más fuertes del próximo ejecutivo, el lado femenino y la inteligencia emocional de la guardia pretoriana del líder del PP. A la sombra de Rajoy, ha sido el mascarón de proa de los ‘juniors’ de Génova, que son los ministrables del gobierno de mañana. A esa cuadrilla pertenecen el secretario general del grupo, José Luis Ayllón; los diputados José María Lassalle y Alfonso Alonso; la portavoz de Economía, Fátima Báñez; la asesoras jurídicas Charo Pablos y Miri Barreira; y su jefa de Gabinete, María Pico. Son casi como hermanos.
Hay gente que a los 30 años descubre que se le da bien pintar. Soraya no sabía que en ella vivía oculta una bestia política. Nació en 1971, cuando la ‘mujer de éxito’ estaba a punto de dejar de ser un anatema. Ella fue uno de los primeros ejemplos. Su currículo arranca con un flamante expediente en Derecho por la Universidad de Valladolid. Era una chica lista. Y se hizo abogada del Estado a los 27, unas oposiciones especialmente complicadas. El cambio le llegó un día que acudió a La Moncloa, al calor de un puesto de asesor que reclamaba Mariano Rajoy, entonces vicepresidente del Gobierno Aznar. Si en aquel momento le hubieran dicho que iba a ser una de las políticas más importantes del país, se habría reído detrás de su paleta partida desde los siete años, la que se arregló para salir a la palestra y con la que ya no se ve «igual».
Lo de Rajoy fue «un flechazo», como ella misma lo ha definido. Había arrancado la montaña rusa de su transitar en ese mundo de ideas, entrega y ambición. Desde entonces vive a toda velocidad y tal vez por eso no se pierde una carrera del Mundial de Fórmula 1. Nadie la considere una persona hambrienta de poder (ella prefiere el lechazo), pero en política se adelanta más que en el circuito de Montecarlo. Y ella lo sabe. De asesora jurídica pasó a número 18 en las listas al Congreso por Madrid en 2004. No salió elegida. Cuentan que ese día la vieron, si no hundida, sí tocada del ala. Tiempo después, el que se marchó fue Rodrigo Rato, pero camino del FMI en Washington, y Soraya se estrenó como diputada. En 2008 iba en quinto puesto. Rajoy se deshacía de la gran parte de la ‘vieja guardia del PP’ y ponía en primera línea a su ‘niña’. En primerísima: en marzo ya era portavoz del Grupo Popular en el Congreso.
Rubalcaba y cervezas
Ella misma suele decir que no hay enemigo pequeño y, de alguna manera, se propuso demostrar este teorema en el hemiciclo. En las sesiones de control al Gobierno, la niña de Rajoy -que admira la oratoria de Alfredo Pérez Rubalcaba y que recibió consejos del mismísimo excandidato- se había convertido al poco tiempo en una parlamentaria incisiva y contumaz. En su equipo saben que lleva sus intervenciones mejor que bien preparadas. De aquellas horas salieron debates subidos de tono y careos históricos con María Teresa Fernández de la Vega y más tarde con el propio Pérez Rubalcaba, en los que hubo casi de todo. Hasta versos del ‘Tenorio’. No era un trago. Los miércoles suponían para ella «un subidón de adrenalina» que remataba en muchas ocasiones con una cerveza y una croqueta con los amigos en El Manolo, la barra de referencia de los parlamentarios junto a la ‘casa de los leones’, refugio de confidencias y amistades nunca antes pensadas.
Sáenz de Santamaría también tiene sus amigos curiosos, los que nadie se imagina. Se lleva muy bien, por ejemplo, con Alfonso Guerra, que se declara admirador de la vallisoletana, y con Joan Ridao, de Esquerra Republicana, confidente en la otra punta del mapa político. Con Ramón Jáuregui, con el que se juega los cuartos del traspaso y ha negociado los estatutos de autonomía, se profesa admiración mutua, con bromas incluidas. Cuentan que en uno de los encuentros, el todavía ministro de Presidencia se presentó con dos juristas, cuando habían pactado que solo estarían políticos.
-Dijimos que solo políticos -reclamó la popular-.
-Es que contigo necesito refuerzos -bromeó Jáuregui-.
Otra de esas ‘enemistades parlamentarias bien llevadas’ es la que mantiene con el histórico socialista Txiki Benegas, que admite «una buena relación». Para él existen dos Sorayas: «Una, la de las sesiones de control, esa no me gusta. La otra es una mujer muy formada y sensata que no rehúye el acuerdo y que sabe tender puentes para resolver problemas», elogia Benegas. Cuentan sus cercanos que una de sus mayores virtudes es que «sabe tirar y también aflojar», algo que le ha servido para rehacer no sin dificultades las tensas relaciones de su grupo con los demás habitantes del hemiciclo.
Ha tenido que sacar la mano izquierda más veces de las que se acuerda. Por ejemplo, en algunos de los momentos más difíciles, como la reciente reforma constitucional. Esos fueron para ella y su equipo días de infierno. Volvían de quince días de vacaciones, con la campaña a la vista. Y las jornadas de trabajo comenzaban a las nueve de la mañana en su despacho -ese que suele estar decorado con margaritas- y terminaban a las cuatro de la mañana. También tuvo que echar el resto en las anteriores municipales y autonómicas, una campaña en la que Sáenz de Santamaría se marcó, en pleno embarazo, 90 viajes en tres meses.
Boda con 32 invitados
No ha parado ni siquiera después de traer al mundo a Iván, el portavoz de los lloros en casa. Nació el 11 de noviembre y siete días después su madre estaba en el mitin de cierre de campaña, sin baja de maternidad ni descanso obligatorio, una decisión tan criticada como ensalzada. El balcón de Génova y las reuniones en La Moncloa han sido sus únicas escapadas maternas: ha trabajado en el traspaso de gobierno desde casa, junto al bebé, el padre y la abuela materna.
Ser madre en política es más difícil que ser «una chica normal». Soraya lo ha sido. Las quinielas del nuevo ejecutivo la sitúan en lo más alto del poder, como vicepresidenta, pero en los bares es una más. De vez en cuando, al salir del trabajo, una cena con maridos y mujeres, unas copas y un baile. Soraya «es muy de salir y bailar».
En ese círculo en el que no cuentan los votos, donde puede ser una mujer «como otra cualquiera», se parte cuando le hablan de la erótica del poder. Adora el sentido del humor, si no es perfeccionista, al menos es minuciosa, sonriente, extremadamente sincera para bien y para mal, detallista y muy fuerte físicamente (de niña le cosieron un pie con hilo de remendar). Le gusta terminar la jornada con una película en versión original junto a su marido, Iván Rosa. Este extremeño es también abogado del Estado. Se casaron en 2005 en Brasil, por lo civil, en una boda con tan solo 32 invitados, menos que en la cena de Navidad del trabajo. A ella le daban vergüenza las fotos. La mano derecha de Rajoy siempre ha querido ser, ha sido, «una chica normal».

Artículo publicado el 27/11/2011 en los diarios de Vocento.

El pisito de ZP

¿De verdad que aquí va a vivir el presidente? Te estás quedando conmigo… Es muy cutre, ¿no?». Álvaro se parte de risa. Es un chaval de 12 años que ha venido desde Extremadura con su clase a conocer Madrid. La noticia corre como la pólvora entre la ruidosa manada de jóvenes que se pierde pronto en la plaza de Ópera, a los pies de la casa del matrimonio Rodríguez-Espinosa, el pisito en el que vivirán temporalmente cuando abandonen el palacio de La Moncloa, las cuberterías de plata, los tapices, la vajilla de porcelana fina y los Miró en las paredes.
El apartamento, recién reformado, forma parte de la herencia materna de Sonsoles Espinosa y no tiene más que 56 metros cuadrados repartidos en tres habitaciones: está tasado por las inmobiliarias que conocen la zona en 255.000 euros aproximadamente. Es mínimo e interior. Es decir, en lugar de los jardines de La Moncloa donde conviven 114 especies, verán el patio, las cocinas y los aires acondicionados de los vecinos. Es sabido que tanto el presidente como su esposa son personas prácticas, sin grandes ínfulas ni aires de grandeza. Así que aquí se instalarán con sus dos hijas mientras en Eras de Renueva (León) terminan de construir el chalé en el que montarán su hogar, donde Sonsoles podrá por fin descansar de la vida en la capital, que siempre le ha resultado incómoda, asfixiante, casi insoportable. El apartamento del barrio de Ópera es práctico, está en el centro, a dos pasos del Teatro Real en el que canta ella y de la sede del Consejo de Estado, donde él ingresará con un sueldo vitalicio de 71.000 euros.
El piso está situado en la calle Arrieta, plaza Isabel II, conocida como Ópera, un barrio ‘bien’, tanto que en el bar de abajo – ese en el que Rodríguez Zapatero comprobará que el café cuesta 1,50 y no 80 céntimos- no tienen claro «cómo se relacionará con el vecindario». El sitio es «un feudo tradicional de la derecha», explica Joaquín, el propietario, una institución en la zona. El otro referente es el almacén chino, en el que la dueña -que nunca dice su nombre- no sabe pronunciar ‘Zapatero’. Si se le explica que es el presidente, piensa diez segundos y responde lacónica: «Si él pagar…»
La línea de pensamiento del barrio se intuye en la fachada de la casa. Cuesta creer que el artífice de la Ley de Memoria Histórica vaya a vivir en un edificio en cuya fachada hay una placa enorme con el yugo y las flechas en recuerdo de José García Vara, un ‘mártir’ de Falange Española, panadero asesinado en 1935 en ese mismo edificio.
El sitio tampoco es la meca de la privacidad. Los Rodríguez-Espinosa se mudan a un set clásico de los paparazzi de Madrid, apostados con sus motos a la espera de cazar imágenes de alguno de los actores y famosos que residen en la zona, entre ellos la cotizada Tamara Falcó.
Los vecinos conocen la noticia desde hace meses. Saben, al margen de consideraciones políticas, que a partir de ahora vivirán más seguros. En la puerta pululan agentes de policía vestidos de paisano. Hace semanas que controlan cualquier detalle y conocen al dedillo los nombres y la procedencia de todos los que allí viven, entre ellos el embajador español en Londres, Carles Casajuana. Días atrás reunieron a los vecinos del edificio para proponerles un plan de seguridad, que incluía una garita para los agentes. No todos estaban de acuerdo y la propuesta se descartó.
En la tienda Hazen de música, de la que es clienta Sonsoles Espinosa, entraron a robar hace una semana. Esperan que no vuelva a repetirse. Tendrán que sufrir, a cambio, los cortes de conexión de los datáfonos de las tarjetas de crédito con las que los clientes pagan sus compras, anulados por los inhibidores de frecuencia que usan los escoltas de los altos mandos. Todo no es perfecto.

La extraña casa del poder

Su puerta flanqueada por columnas dóricas forma parte del paisaje habitual de nuestra clase política: largos apretones de manos y sonrisas impostadas que quedan inmortalizados por el crepitar de las cámaras. Del resto de La Moncloa se sabe más bien poco, casi nada. Nadie se imagina que el poder en España reside en un extraño complejo, una pequeña Casa Blanca en la que trabajan 2.500 personas. Allí viven el jefe del Gobierno y los suyos en una vivienda «insoportable para una familia normal», como la definió Ana Botella. Hoy se presumen los ecos de una mudanza: se marchan los Rodríguez-Espinosa y ya están llamando a la puerta los Rajoy-Fernández y los Rubalcaba-Goya. Esta noche se conocerá a los nuevos inquilinos.
María Ángeles López de Celis es de las pocas personas en España que conocen al dedillo los entresijos de la residencia del presidente y ‘la señora’ (así se dirigen a ellos los trabajadores). Ha recorrido las esquinas más secretas del complejo durante los 32 años que pasó como secretaria de los cinco mandatarios que han regido los designios de España, «los cinco con sus luces y sus sombras, los cinco que ayudaron a que seamos lo que somos». Aquellas horas pasadas en palacio quedaron reflejadas en un libro, ‘Los presidentes en zapatillas’ (Espasa).
Ya estaba allí cuando cruzó la puerta Adolfo Suárez en 1977. La recién estrenada presidencia del gobierno democrático recibía en el Palacio de Villamejor, en el Paseo de la Castellana, pero el edificio presentaba casi tantos problemas para mantenerlo seguro como para aparcar. Así que el carismático Suárez se trasladó con los suyos a un complejo a cinco kilómetros de la Puerta del Sol, en la carretera de la Coruña, el Palacio de La Moncloa, unas dependencias del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, que entonces mantenía los azulejos en las paredes con aires de laboratorio y los cristales de los viveros. Siglos atrás, aquello había sido un pabellón de caza de sus nobles propietarios, entre ellos la Casa de Alba: se llamaba La Casa Pintada por las escenas que varios artistas dejaron en su fachada. Durante la Guerra Civil, el chorro de metralla que entró por el frente de Moncloa en la toma de Madrid lo destruyó todo. Continue reading

En papel. Azerbaiyán: nadan en petróleo

A la orilla del camino, un edificio alicatado en años de mayor esplendor, un sendero de cemento y lo que parecen unos rastrojos quemándose. No hay humo. Allí, entre las rocas y la gravilla, una pared de arenisca arde en una lengua de llamas. Dicen que el fuego es perpetuo y que viene de las tripas fecundas de la península de Abserón, a orillas del Caspio, hinchadas en una gigantesca burbuja de gas y petróleo. Cuentan que lleva ardiendo miles de años y que no se apaga así caigan chuzos de punta. Son los gases de la digestión de la Tierra, pero también el origen y el símbolo de un país rico y desconocido, Azerbaiyán, del que en Europa se sabe que el año pasado ganó Eurovisión. Punto. Los persas le pusieron Atropatene, que derivó hasta hoy en Azerbaiyán, a saber, ‘El guardián del fuego’. La curiosa región al oeste del Caspio ha cumplido 20 años de independencia, dueña de un pasado esdrújulo y un futuro de emirato a la europea.
En tiempos de Cristo, a la montaña del fuego llegaban peregrinos de todo el mundo. La religión imperante era el zoroastrianismo –o mazdeismo–, y los seguidores de Zaratustra veían en el fuego al creador. Aquel descampado del ‘Yanar Dagh’ estaba de caravanas como la esplanada del Rocío. Hoy aparca allí Eyyud, un chófer que podría haber rodado las escenas de acción de la serie ‘El Sheriff Lobo’, 52 años y voz gutural, que se atiborra a pipas al volante de un minubus Mercedes último modelo, asientos de cuero ‘beige’, puertas automáticas y pantalla plana con vídeos de Rihanna a todo tren. Continue reading

Agua va

En la Gran vía llueve pesado, plomizo y frío; llueve en seco, casi como lágrimas de mercurio, como un compás estúpido de parabrisas en el atasco y al penúltimo romántico se le antoja aburrido el espectáculo. Se le cuelan a traición por debajo de la puerta de las  neuronas el helador caos del chaparrón gaditano o donostiarra, con esa levantera o ese noroeste que hacen que llueva, no de arriba a abajo, como en Francia, sino en tres o siete dimensiones, esa caótica coreografía de gotas contra la que no vale el paraguas.
Llueve sobre mojado en Madrid. A los leones del congreso se les caen ya los mocos. El suelo resbala en campaña electoral y a los zapatos de la crisis les cuesta encontrar un punto de apoyo. Caminar por este mundo es intentar un sprint en una pista de hielo en cuesta. Han caído seis litros por urna cuadrada, entre la borrasca del rápido Pepiño, las cien propuestas de Rajoy, los puñeteros mercados y ese cielo panza de burra, de los de nevada, bajo el que se mueven dos candidatos enzarzados en agarrada pelea, como una lucha de monos rabiosos de los que no se sabe quién fue el primero que dio la bofetada.
Excursionistas, en España va a hacer frío, mucho frío. Los agoreros quieren apagar el fuego de la esperanza de la paz en el norte y las reservas de esperanza están agotadas hace tiempo en el sur. A muchos no les queda ni un sombrero que agarrarse en la tormenta. En los epílogos de este otoño, quizás Juan guarde aún tras su barra un plato caliente de garbanzos con menudo y un vaso de cerveza para servir a un amigo con sed y hambre. Una chanza, un ‘mira tú por dónde’, una palmada en el hombro. Cuentan que el tipo sigue sonriendo. Cádiz ya demostró que el sol siempre termina ganando a las sombras. Sabio maestro; difícil teorema.

+ Publicado hoy, 4/11/2011 en La Voz de Cádiz

En papel: El guardián de los secretos

En los últimos cinco años, a Frank Warren (Arizona, EE UU, 1964) le han hecho 400.000 confesiones. Comenzó pidiendo postales enviadas por correo ordinario con secretos revelados. Sin nombres. Más tarde colgaba una selección con las más curiosas en un blog (hhtp://www.Postsecret.com). Hoy su página en la que no hay publicidad ha superado los 479 millones de visitas (más de diez veces la población de España) y aseguran que la aplicación para iPhone ha sido esta semana la más descargada de todos los programas de redes sociales. Warren se ha convertido en un gurú sobre secretos que imparte conferencias por todo el mundo y ha volcado su vida en la ayuda a personas desesperadas. Hoy llega Madrid para participar en el II Congreso de Mentes Brillantes El Ser Creativo, que reúne desde el miércoles a parte de la selección mundial de la neurona, entre ellos varios premios Nobel.

Cuando el destino repartió los puestos de trabajo, a Frank Warren le dio uno bien extraño: hacer públicos los secretos de cientos de miles de personas y ser uno de los mayores confidentes de la historia de la humanidad, incluidos psiquiatras y sacerdotes. Más de 400.000 personas han enviado a su buzón en Maryland sus pequeñas o grandes confidencias para que las publicara en su blog y en los cuatro libros que han visto la luz. Su historia como cómplice arranca cuando Warren todavía era el propietario de un pequeño negocio de información médica. Comenzó a tratar la información de las conciencias a raíz de que uno de sus amigos se suicidara. Entonces, empezó a trabajar como voluntario en una línea 900 para personas que pensaban en suicidarse, de doce a tres de la mañana. Pensó que hacer públicos esos secretos podría ayudar a la gente y en 2005 nació Postsecret. «A veces me sigo sintiendo como en aquellas madrugadas en las que atendía las confesiones de un extraño al otro lado del teléfono, es algo parecido».

Cada domingo, publica en su web unas cuantas postales de las que recibe. Las hay para todos los gustos. Un tipo admite que hay un caramelo en el suelo del baño de su trabajo y que tiene ganas de comérselo. Un cristiano confiesa que se masturba y que no se siente mal por ello. Otra persona le habla a su madre natural y le confiesa que tiene unos padres adoptivos maravillosos y que es feliz. Alguien dice que su pareja no fue a trabajar el 11S en las Torres Gemelas y que él desearía que hubiera ido, y otro más cuenta que bailó en su boda con dos mujeres: la que desposó y con la que le hubiera gustado casarse. En Postsecret.com se despliega un catálogo de secretos y culpabilidades, algunas terribles -esa que admite «sé que no me violaste pero me convencí de ello por no soportar haber perdido la virginidad»-, otras originales como aquella que escribía en un vaso del Starbucks hecho postal que servía café a la gente pero que los clientes eran desagradables con ella.

Su propio secreto

«Yo soy como el extraño del tren al que abres el corazón y cuentas tu vida sabiendo que no lo volverás a ver nunca más en tu vida. Vivo así», explica este esposo y padre de una hija que un día las reunió a las dos para contar su propia confesión, «un asunto que tiene que ver con la vergüenza y que estaba persiguiéndome desde hacía muchos años y que tiene que ver con una escena muy dolorosa de acoso escolar. Primero se lo conté a ellas, después incluí la postal en uno de los libros». No dice cuál es.

El ‘servicio’ de Postsecret, que le valió en 2009 a Warren ser la cuarta persona más influyente de la red, según ‘Forbes’, es absolutamente anónimo. Consiste en que la gente cuenta sus cosas a personas a las que sus asuntos ni les van ni les vienen. «Da igual a quién cuentes las cosas, pues a la hora de escribir el propio secreto, te lo estás contando a ti mismo, en lugar de escondértelo, que es lo que hacemos muchos. Es la primera parte de la solución al problema», asegura Warren.

El aislamiento del dueño de los secretos saltó por los aires con la popularidad del sitio, que hasta llegó a verse involucrado en las tramas de CSI. Frank Warren quiso crear una comunidad de foreros en la que pudieran ponerse en contacto el que hacía público su secreto y los que querían o podían ayudarle. Y volvió a funcionar. Los que fueron niños pegados por sus hermanos aconsejaban a los chavales maltratados, los que habían superado la anorexia echaban un cable a las chicas que no comían. Uno de los foreros, Tommy’smom narra una historia de película que confirma Warren. En los foros leyó varios mensajes y postales de una chica de Maryland en los que creyó ver intenciones suicidas. En una de las conversaciones, le dijo en qué colegio estudiaba. En un aterrador mensaje, ella le confesó que se había tomado una ración mortal de 30 tylenoles. Llamó al colegio, pasó la foto a los responsables del centro, la reconocieron por su pelo, avisaron a su madre, la llevaron al hospital. Vivió.

En ese momento, el lado frívolo del proyecto de Warren -ése en el que un sacerdote confiesa que se quiere casar y a su lado otro tipo admite haber llorado más con la muerte de Steve Jobs que con la de su abuelo- pasó a un segundo plano. Postsecret tomó un sentido global que su fundador ha querido asegurar con la creación de la Fundación Hope de lucha contra el suicidio.

Pese a que fue «raptado por la idea», Warren no vive todo el día bajo la enorme carga de miles de culpas ajenas. Viaja por todo el mundo comunicando la importancia de contar las cosas y cuando está en casa adora pasear por el monte con su perro cocker, estar con Jan y Healey (su mujer y su hija) y asistir a su club de amantes de la cerveza extranjera para probar los zumos de cebada de los lugares más extraños. Mientras tanto, cada mañana, su cartera Cathy llega con sus sacas de secretos que ella misma adora cotillear. Una vez incluso entregó uno que estaba dirigido a ella. Decía así: «Trabajo en correos y leo las postales de la gente. ¿También lo haces tú?».