Monthly Archives: December 2011

Ideas liebre

Oído en la redacción:

-No le acuses… Puede ser que tenga una flor en el culo.

-La cuestión está en saber si la flor es comprada o robada.

Amaiur, cinco cositas

  1. Darle el grupo a Amaiur hubiera sido la decisión política. Ceñirse al reglamento es una decisión normativa. Por imperativo legal, ¿les suena?
  2. -Esa decisión no se ha tomado antes con otros partidos que por cierto no han pasado sus años mozos dinamitando -literalmente- el sistema.
  3. -Que el PP se dedique a sabotear los movimientos de Amaiur es normal,  igual que ellos intentan bloquear los movimientos del PP. Extrañarse es de tonto del haba.
  4. -Pedir que el Congreso le pase la manita a Amaiur y exigir para ellos tolerancia democrática suena a cuando el atracador se enfada en el banco porque esperaba más amabilidad del cajero.
  5. -Resulta un espectáculo divertido verles hacer política sin pistolas. Dicho esto sin ironía.

 

En papel: ‘Libertad para Montes’

Cuando los demás chavales andaban a verle las cachas a las mozas, Miguel Montes Neiro ya pasaba las horas entre rejas en un reformatorio de Granada. Tenía 16 años y nunca más fue libre, salvo en los días de fuga, que fueron muchos y supieron a muy poco. En la última tanda suma ya 36 años a la sombra y decenas de condenas, ninguna con sangre de por medio: fugarse del hospital por una ventana después de colgarse del cuello, romper la condicional, aquel lío de drogas y putas en casa de un confidente, largarse del velatorio de su madre… No ha sido un santo, pero de las dos manos de la justicia, a Montes siempre le ha tocado la de las guantás.
Su hermana Encarnación se deshace en explicaciones sobre la maldita hoja de las condenas, esa que ni siquiera Félix, su abogado, consigue aprender de memoria. Salió, entró, se comió tal marrón, se largó, lo cogieron… «Mi hermano ha hecho cosas malas», confesaba al calor de un café en vaso de Nocilla en la casa de Benalmádena, con la tele atronando y las macetas cuajadas de tréboles de cuatro hojas retando al destino. En ese mínimo salón fingía Montes su libertad definitiva en sus fugas y los demás fingían que la barbacoa que cocinaba Miguel se podía comer. Hasta que lo detenían.
La suerte dota a algunos hombres para cocinar los domingos, a otros para no volverse locos en la zozobra de un sistema tan fuerte con el débil y tan débil con el fuerte. Hoy lo indulta el Consejo de Ministros. Si a los 61 tacos que gasta se le restan los días en la celda, la matemática dice que merece pasar el resto de la vida en primavera. Feliz Navidad, Montes, no lo desperdicies.

Artículo publicado el 15/12/11 en ‘La voz de Cádiz’. En la fotografía, Montes con sus hermanas. La he elegido porque entonces no sabía aún lo que era la cárcel.

ACTUALIZO:  Hoy, 15 de febrero, han soltado a Montes.

Un cocodrilo en la redacción

En la redacción de ‘El Caso’, instalada en el salón de baile de un palacete de Madrid, había un cocodrilo. Lo sortearon en una cena benéfica cuando era una cría de «diminuto saurio africano» y la señorona madrileña a la que le tocó el animal lo devolvió. «Estará mejor con ustedes», dijo. Le pusieron Leopoldo. Andaba entre las mesas y así creció, con su mirada distante, su piel dura, como uno más. Tan grande se hizo que el director Eugenio Suárez, que en una ocasión disparó su pistola al techo al grito de «Todos a trabajar», le construyó un terrario. Cuando venían las visitas zurraba a la extraña mascota con una vara y enseñaba su mordida. «¡Leopoldo!» Y zasca. Cada quince días, venían dos operarios del zoo de Madrid. Uno lo tomaba de la cabeza, el otro de la cola y lo llevaban a limpiar al servicio de caballeros, en cuya puerta se avisaba con un cartel: ‘OJO, COCODRILO’. Juan Rada (que publica con Grupoeditorial33 el libro ‘El Caso, 60 aniversario’) cuenta que un fontanero se coló en el aseo sin hacer caso de la advertencia. El saurio, creyendo tal vez que lo que llevaba en la mano aquel hombre era la vara de Suárez, lanzó su tarascada, de la que se libró la víctima por poco. Asustado, escapó sin envainarla y corrió por la redacción al grito de «¡Que me lo come!». Leopoldo llegó en 1971. En el 84 lo jubilaron de la redacción y pasó sus últimos días en el zoo de Madrid. Suárez llegó a publicar un semanario satírico, ‘El cocodrilo Leopoldo’, y más tarde ‘El Cocodrilo’, primo reptil de ‘Le Canard Enchainé’ autodefinido como “socializante de extremo centro”, que lanzaba dentelladas por titulares, algunos históricos en aquellos años como ‘Asturias o trabajas’ o ‘Los testículos de Don Juan Carlos están en perfecto estado’.

A mí también me hubiera gustado trabajar en esas redacciones.

Aquí os dejo el reportaje entero de os 60 años de ‘El Caso’:

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Felicitaciones

Que te den un premio es el primer regalo. El segundo es cuando ves a tanta gente tan distinta que se toma un minuto en llamarte, mandar un SMS, un ‘tuit’, un post (gracias Barrerita), un mensaje en Facebook, un correo electrónico o un ‘me gusta’. Debo ser un tipo con mucha suerte porque habéis sido muchísimos. Gracias a todos. De todas las felicitaciones, comparto con vosotros la más asombrosa, sin duda, la del gran Jotaí Fernández que me regalo está cosa tan alucinante.

felicitacion joti

http://www.goear.com/listen/8a15e37/la-reina-y-yo-j-i-fernandez

Manuel Alcántara

Una vez entrevisté a Rafael de Paula. Yo estaba realmente nervioso, algo nada habitual. Antes de la primera pregunta, me armé de valor y le solté lo siguiente: “Es un honor muy grande entrevistarle”. Me quedé callado. Él también. Y seguí: “Estoy un poco nervioso, ¿sabe? Es que yo, digamos que he crecido siendo partidario suyo”. Él permaneció en silencio, me miró desde dos ojos profundísimos, entrecerrados por el sol, dio una calada, echo el humo y me dedicó una sonrisa larga, cálida, casi de abuelo en la que cabían los secretos no contados y las referencias a los que ya no estaban. “Dale”, dijo después. Pasamos tres horas charlando y terminamos en las confesiones y dibujando medias con las manos por las aceras de la avenida de Jerez.

Hace unos días llamaban de la Universidad de Málaga. Había ganado el premio Manuel Alcántara. Hubo alegría, llamadas, risas, champagne, más felicitaciones de las que nunca me podría haber imaginado, palmadas en la espalda, añoranzas de los que no lo supieron… Pero entre todas esas cosas había algo que me recordó la sonrisa de Paula: el premio llevaba el nombre de Manuel Alcántara y, quiero decirle, Don Manuel, que yo me hice periodista siendo partidario suyo, de todas sus columnas -las que me enfadaban y las que no-, de su sentido del humor, de su periodismo, de ese anciano atleta de la libérrima gimnasia de las palabras, de los versos, de los textos pasados en una máquina de escribir con la R por cambiar, de los gintonics presentidos y de todas aquellas hazañas de tinta que los compañeros celebrábamos en una barra sórdida de Puerta Tierra, en Cádiz, en la que se hablaba, entre Johnys con cola, de lo que había escrito Alcántara ese día con la misma admiración con la que comentarán, digo yo,  los de Operaciones Especiales la última de James Bond. Joder, toda mi generación del periodismo (toda la que tiene algo más que horchata en las venas) han querido ser Alcántara, si no por una vida, al menos por una frase.

Y ahora va y me cae el Premio Manuel Alcántara. Si digo que es un honor, me quedo corto. Gracias…

Aquí os dejo el artículo premiado:

Visto en TV

 

Mi padre decía que uno de los grandes placeres que podía darse el hombre una o dos veces al año era dormir 'Ben-Hur', con la baba caída y una siesta en tres o cuatro actos, interrumpidos en un depuradísimo compás que él había adquirido con los años por el que sólo se despertaba para comprobar que el argumento -la historia, su vida, el mundo y el Universo- seguía en su sitio: «Ahora se le cae la teja», «Ahora visita a la madre en la cueva de los leprosos», «Uy, si todavía está en la galera»... El bueno del aita solo se incorporaba, casi de un brinco, arrebatado, siempre sorprendido, con el final, que era lo único que esperaba. Un salto: «¡Chapuli! ¡La carrera!» Y disfrutábamos de las cuádrigas y los chocazos como dos críos en la mañana de Reyes. Desde que se fue nunca he podido volver a dormir 'Ben-Hur' de aquella manera.
Ahora, uno se da el placer de sobar otras piezas, pero no está fácil, porque los documentales son cada vez más difíciles de dormir. De interesantes, desvelan. La2 ha echado unos que no se pueden sestear ni con el volumen bajito, de lo buenos que salen. Tratan de unos humanos con mucho pelo, greñas con rastas y cejas prominentes. Gruñen, aullan y se pelean entre sí. Viven en cuevas en las que se resguardan del frío y se las arreglan, a su manera, pese a no tener herramientas. Su aspecto es bastante obtuso, aunque cazan animales con piedras, corren que se las pelan por encima de las rocas y consiguen fabricar filos chocando dos piedras. Si lo ha intentado alguna vez sabrá que esto no es nada fácil. El fuego, los mamuts, esa manera tan graciosa de darse de palos con la tribu de al lado... Muy recomendables los documentales de La2 sobre el futuro.
+ Artículo publicado el 3/12/2011 en La Voz de Cádiz.