Monthly Archives: January 2012

En papel: ‘Los locos son ellos’

Dijo Denis Diderot, el de la enciclopedia, que el primer paso hacia la filosofía es la incredulidad. Hoy se hubiera equivocado. Con este pastel, el héroe es el crédulo, el que se traga a los de los trajes en la calle y al juez sentado en el banquillo, a ese capitán que encalla y salta el primero del barco cuando se hunde, a la anciana en su noche de bodas, al conservador que sube los impuestos, al socialista que abarata el despido y al rico que visita el hospicio. Miren sin caerse de espaldas a ese país pobre que compra al país rico, a esa colonia abriendo banco en la metrópoli, al antisistema opositando a la Junta, al mendigo que presta al banco al uno por ciento mientras que el banco le presta al mendigo al seis, a la vuelta al esclavismo, al pirómano contratado de jefe de los bomberos y a la corona llevándose lo del pueblo. Eso no sorprende tanto, ya.
Aterra ver la lluvia viajando hacia el cielo, el Mercadona que van a abrir en Serrano, las olas arrasando las ciudades, el vapor que sale a flote, los aeropuertos sin aviones, las borracheras tristes, los toros de lidia adocenados, este invierno asfixiante, los caramelos amargos y el febrero desde Madrid.
Por una vez, seamos serios: tiene más sentido la Pepi, la del Selu, que la Pepa. Eso es. No hagan caso a los psiquiatras del IBEX ni a los sacrosantos sacerdotes del ‘rating’. Quítese ese  gotero que les pinchó la enfermera; no le está haciendo bien. Más bien rompa los lápices, queme los papeles y salte sobre sus calculadoras, que el Carnaval es la realidad y el resto, la chirigota. Los locos son ellos.
Artículo publicado hoy 27 de enero en La voz de Cádiz.

Citar la vida

Citar la vida,
templar sus horas
rodilla en tierra.
Tomar el miedo
cual sacramento.
Agudo rostro,
siempre el mismo.
Nos falta valor…
Para ser cobardes.

Libro ‘Al alimón’, de Manuel Camacho Higareda. Vía Ihoval Ferrer.

Donosti bat

Quizás la Marcha de San Sebastián mienta como terminan por mentir todos los himnos. No hay una sola Donosti en el mundo; es el tipo de trampa que se permiten a las buenas canciones como se le perdonan los defectos a las mujeres de bandera. Porque estuvo uno en San Sebastián en los confines del mundo. Vio el Paseo Nuevo en el Cabo de Buena Esperanza, con los ‘cuarenta rugientes’ deshaciéndose en sal y ruido contra las agujas de roca en los talones de África. En las lavas cuajadas de cuadernas rotas y barcos muertos de la Costa de los Esqueletos creyó divisar el Pico del loro, con ese viejo sueño de hacerse arrecife traicionero. Escaló las piedras de otros ‘urgules’ en el Cáucaso, soñó con los balleneros otros puertos, se emborrachó en las ‘fermín calbetón’ de Siberia, nadó las ‘ondarretas’ del Caribe, y tocó el tambor en las tardes calientes de enero de Olinda, en Brasil. Le calaron el sirimiri de Berlín, el txakolí de Stellenbosch y en un monte de Azerbaiyán se encontró una iglesia clavadita a la de San Vicente .
Donosti son todos esos universos posibles en el reino de la nostalgia, cuando todavía queda un año para volver a pasar los dedos por la cara gastada del barril de Euskal Billera a las tres, como ayer, con el Noroeste haciendo sonar los obenques de los barcos del Muelle y colándose por el cogote y esa docena y media de abrazos. Para volver a recordar la felicidad del aita en nuestra primera salida juntos, para el arranque de Diana como un enorme salto, para volver a ver a Juanillo por la ventana del Náutico, para sentir el fin del mundo en la Calle Mayor, para mirar al balcón de la Plaza de la Consti. También para cuadrarse delante de Santa María, sin gorro ni corazón ya, presintiendo que después de la templanza en la puerta de Gaztelubide y la Iriarena en las escaleras de Ollagorra mirando de reojo la madrugada sobre la Concha, se terminará la tamborrada. Quedará la certeza sobrevenida de que hay uno y muchos mundos, sí, pero de que todos los universos de uno nacieron aquí. Quizás tenga razón la ‘Marcha’.

 

Artículo publicado el 21 de enero de 2012 en el Diario Vasco.

En papel: ‘Las dos de Puerto Serrano’

Dos de Puerto Serrano probaban suerte en ‘Tú sí que vales’, que es un programa ideal para meter el cerebro en el vasito de la dentadura. Traían más esfuerzo que virtud y un número flamenco con un baile de capotes toreros, vestidas de corto. «Nos gusta la cultura: el flamenco y los toros. Y queremos defenderla», dijo la más echada ‘p’alante’. En la red las pusieron como el perejil. Comenzó a bramar la selección nacional de culofinos en sonora queja contra la incultura ibérica y esa imagen de pandereta que tan mal dicen que le queda a nuestra España. Que los toros no son cultura y tal, y que la actuación – y ese acento- suponían un ataque contra el buen gusto.
Preferían sin duda que las niñas hubieran salido a escena a tronar por la Rihanna o a marcarse un aria de Genovés y Lapetra a base de pedorretas con el sobaco. Mucho mejor. Eso sí hubiera sido, para ellos, algo propio del país supuestamente desarrollado que somos, pero resulta que las dos de Puerto Serrano se han criado culturalmente jugando al toro y dando ‘pataítas’, que no es tan ‘cool’, ni tan ‘fresh’, ni tan ‘trendy’, pero resulta más cierto, más sincero y más natural. Si a uno no le gustan los toros o el flamenco, ese es otro cantar, pero no se entiende cómo tanto imbécil de miras altas se avergüenza de lo propio y se maravilla con lo ajeno. Mírenlos: allá van en manadas al otro lado del mundo a ponerse tiernos con la excelsa danza de aquella tribu, con aquel rito de iniciación en el que los chicos saltan desnudos sobre vacas. Allá van, a ciscarse en la Macarena y en la Virgen de La Palma y a revolcarse ante la deliciosa espiritualidad de los ritos del primer hechicero en taparrabos. Bobos.