Monthly Archives: September 2012

Mahoma, ‘cabesa’

Los profetas son para comérselos, pero eligen mal los administradores del chiringuito. A los padres les ocurre lo mismo. Los hay que se curran un negocio que es un imperio, que les sangran las manos de doblarla de sol a sol desde que les salen los dientes para cascar 80 años después y dejarle la franquicia a unos nietos pijos de traje y Rayban que tratan mejor a su caballo que a su secretaria.
Nadie que esté de pie a día de hoy conoció a Mahoma -«bendígale Dios y le dé su paz»-, pero no debía ser un mal tipo. En todo caso, tenía menos mala uva que los que llevan en la boca su nombre. Ninguna escritura que se conozca cuenta que le quemara el chabolo al chaval de clase que le dijera «Abu, eres todo ‘cabesa’». Tampoco se lió a palos con el Arcángel San Gabriel cuando le abrió el pecho, y eso que le sacó el corazón.
Al fin y al cabo, la risa no es más que adaptación al mundo. Solo en la cuadrilla del que firma hay un Chorla cabezón, un Peloto gordito, y un Churrasco que tiene parte de la cara quemada. Si hiciera falta, mañana a las cuatro y veinte de la tarde darían la vida los unos por los otros.
El mundo islámico se ha tomado peor que unos dibujantes le hayan caricaturizado al Profeta. Solo quieren castigarlos pasándose por la espada a todo Occidente. Se toman fatal las cosas. Quedan cuatro o cinco por ahí que siguen hablando de equivalencias culturales con una religión que es rehén de una elite fundamentalista que vive en el medievo. Se rasgan la chilaba ante una supuesta provocación a su Dios que no es más que una burla de su cerebro comprimido, de su miedo al distinto. Un grito por la libertad de expresión y de prensa, que es lo que está en juego y a lo que nunca se debe renunciar. De verlos con la antorcha en la mano, Mahoma los hubiera corrido a gorrazos.
Esto lo escribe el ciudadano de un país que sentó a Javier Krahe en un banquillo por cocinar una imagen de Cristo hace 35 años. Pensándolo bien, no somos tan distintos.

Los toros no son ‘cool’

 Van por ahí susurrando que la emisión el miércoles de una corrida en TVE supone una vuelta atrás por ser algo «antiguo». «Qué antigüedad», dicen. Si les dan la razón eliminen de la programación las óperas de Puccini, los reportajes sobre pintura renacentista, los documentales sobre Egipto (por supuesto, también los de dinosaurios, los de las guerras mundiales y los de Cousteau) y hasta las pelis de vaqueros. Todo lo que huela a vetusto, todo lo que no sea Twitter y Facebook y Android y Apple tendría que ir a la basura si se aplica la doctrina de los sacerdotes de lo ‘cool’, esos promotores de una culturita cuatro punto cero, brillantes, pulcros y sosos como el pexiglás. ‘Coolhunters’, los llaman.
La tauromaquia, pese a tener más años que andar hacia atrás (no tantos como decía ayer la BBC, que atribuía su popularización a los romanos), es absolutamente actual, pues se ejerce como espectáculo y la gente acude a la plaza a verlo. ¿Mucha o poca? Algo menos que el fútbol, más que el cine, el teatro y la esgrima. Y nadie se queja cuando se habla de ellos en la tele.
El miércoles vieron la corrida de toros 1.200.000 personas, después de seis años de sequía arbitraria en la televisión pública. Los nietos se acordaron de los abuelos, los abuelos de cuando eran mozos, vale, pero hubo más espectadores en el País Vasco que en Andalucía. Así que ojito con los tópicos, que con la puerta de chiqueros también se abrió el armario de los fantasmas. Allá iban cientos de personas a menear el badajo de esta «fiesta enraizada en nuestra cultura», ese carácter «tan español» y hasta ese NODO, unos con desprecio, otros con morriña, perdidos todos como se perdió el barco del arroz en la barra de Sanlúcar. Sacaron a pasear una vez más los espíritus de Lorca, de Picasso y de Hemingway, hartitos ya, supongo, de justificar lo que no necesita justificación, de sacarle la cara a una fiesta que no es nacional, ni geográfica, ni ideológicamente. Ni falta que le hace.

Sanlúcar

A la orilla de Sanlúcar
flota una casa en la mar.
Una caricia con arena,
dos abrazos de marea
y cien mil besos de sal.
Sobre su sábana de algas,
tres caballitas sueñan
una nana en pleamar.
A la orilla de Sanlúcar
flota mi casa en la mar.

Agosto 2012