Monthly Archives: October 2012

Vuelapluma

Mientras me desayuno un ‘Miura’ periodístico con un bocata de la máquina y una cocacola en mi asiento de la redacción, Ivan Benitez me lleva lejos. Ahora estoy en algún monte de Navarra, instalado en un puesto a pie de tierra en una cumbre rasa o quizás encaramado en las copas de un bosque de hayas incendiado en rojos y naranjas. Creo percibir el olor de los setales en el viento del norte que empuja la cola de los bandos hacia la estratosfera y que trae aromas desde los fondos oscuros del valle.

Caliento las manos en los bolsillos llenos de cartuchos de un chaquetón viejo. Agarro en la comisura un cigarro rubio que agria el ayuno y el madrugón. Cuando no me dejo los ojos en el horizonte, veo a un perro amigo, unos pies enterrados en las hojas y mi querida Sarasketa paralela apoyada entre las ramas, helada, antigua y bellísima como una Venus olvidada en un jardín de invierno. Algunos gorriones entran con el sobresalto de las flechas. Intento recordar el siseo de las alas en otras mañanas de gloria y la cercanía del almuerzo prometido. Entonces miro al frente y admiro con sorpresa la mancha de torcaces sobre las nubes, cruzando cielos lejanos y casi cósmicos, viniéndose encima como un mar de plumas. Un silbido cómplice viaja de torre en torre y avisa de la llegada de la caza. Entonces el corazón salta y se viene a la garganta el impagable espectáculo de la pasa de palomas.

(Y sigue Mazinguer en un comentario):

… y me agacho y espero, conteniendo la respiración, mirando sin ver por las rendijas que dejan las ramas que cubren el puesto. Oigo el aleteo; levanto los ojos y las tengo encima, cuatro, quince, sesenta, cien… Dejo que entren sin apenas moverme porque así me lo enseñaron los mayores. Y me quiero incorporar y encarar, pero sé que tengo que esperar un poco más, ¡todavía un poco más! Por fin, de un gran impulso, me pongo de pie y apunto… y todo es tan rápido, electrizante e intenso como un natural de Romero, Curro, en abril, oxímoron de la personal conciencia que convierte en eternidad tres o cuatro segundos de la vida, de lo trascendente de la vida.

+ La foto, de Iván benítez en su blog ‘A 33.000 pies’.