Monthly Archives: March 2013

En papel: El misterio es nuestro

Pongamos que este planeta con el que giramos a 1.700 kilómetros por hora no es más que un gránulo que flota en el líquido de una célula más grande, que es el universo. Y también que los átomos que consideran nuestros científicos como la unidad de materia más pequeña de un elemento químico que mantiene su identidad, no sean los más pequeños. Pongamos que hay niveles más chicos y más grandes que no vemos justamente por ser tan chicos o tan grandes. Que las estrellas de millares de galaxias son mecanismos productores de energía, como mitocondrias que arden en suspensión más allá del Sistema Solar. Y que los agujeros negros actúan como limpiadores de los desechos de ese pequeño sistema.

Imaginen que todo el universo no sea más que la unidad insignificante de otro ser enorme de otro universo, y que el Big Bang que todo lo trajo no signifique más que el nacimiento de dicha parte, el comienzo de una vida que terminará algún día y a la que consideramos eterna e infinita por una simple cuestión de escala. Pudiera ser que toda la materia, la antimateria, la basura espacial, las supernovas, las montañas, los caracoles, las barras de los bares, las colas de los gatos, los esprays de laca y el suelo que pisamos, todo lo que han visto nuestros ojos y lo que ha imaginado detrás de aquellos horizontes, todo eso en su conjunto, digo, no sea más que una brizna nanoscópica del pelo de una joven que en este mismo instante danza descalza sobre la hierba de otros mundos que envuelven a este. Pongamos que somos solamente la parte de una gran cadena de la que se pierden el comienzo y el final, tan alejados de las unidades de la métrica que ya no importan a nadie.

La mente ociosa es capaz de imaginarlo todo, de explicarlo todo salvo por qué es estéril la aguja de un condenado a muerte. O con qué octavo sentido percibimos los giros pausados con los que el aire acaricia las esquinas de la primavera. O cómo es posible que haya tantas casas vacías y a la vez tantas gentes sin casa. Tal vez el mayor misterio habite dentro de nosotros mismos.

Publicado en La Voz de Cádiz.

En papel: Sus necesidades

Abraham Maslow dibujó en 1943 la pirámide de las necesidades de los humanos: cuando se consigue algo, se piensa en lo siguiente. Abajo, en los cimientos de su esquema, está la respiración; arriba, la creatividad. Esto quiere decir que uno tiene que inspirar aire con oxígeno antes de plantearse si su trabajo le satisface, si el cuadro que cuelga del salón es de su gusto o si se ha convertido en el hombre que nunca quiso ser. Primero, respirar. Es obvio. «Poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto», escribió Gabriel Celaya. Ése es el suelo del asunto, que por lo alto admite cientos de pisos. Servidor ha visto a gente infeliz por no tener mesa en su restaurante de cabecera, porque su avión a Nassau se retrasaba media hora o porque no le sirvieron el vino a la temperatura adecuada. Es un asunto de ciencia, aunque en ocasiones uno sienta la necesidad de ayudar en su autorrealización de un buen cachetazo.
El español medio no está en esas miniardeces, ahora. Ha caído en los últimos años media docena de escalones, de espaldas y sin casco y en su vuelo se ha abierto la cabeza. Del bienestar a la caridad. Hay para todos. El tipo que debatía con los compadres sobre oportunidades de inversión en la República Checa, ahora no llega a fin de mes. El que compró dos casas en la costa, ahora busca en internet planes para hacer en Madrid en verano. El que se daba un homenaje con los niños en una venta una vez al mes y esto suponía un gran lujo, ahora espera en la cola de un comedor. Algunos han caído tanto que les cuesta respirar y los que todavía tienen para reír, se parten de acordarse de quiénes eran ellos mismos hace dos telediarios.
Si uno recuerda los debates que han llenado el Congreso de los Diputados en los últimos años, han cambiado pocas cosas. Si Maslow hubiera visto el de ayer, con sus señorías y sus necesidades, quizás reformulara su teoría y añadiese una categoría más, una por encima de todas las demás: demostrar al mundo quién la tiene más larga. O menos pequeña, lo mismo es.